julio 30, 2008

Cassandra: Cinturón negro tercer Dan

Sí, hace tiempo que no escribo. Es que nos cambiamos de casa con la mami a una que nos queda mucho más cómoda, en el primer piso del edificio de siempre (ese en el que me caí del piso 8vo al 7mo).

Pero no fue eso lo que me hizo dejar la escritura, sino mi nueva afición: las artes marciales.

Estar a ras de suelo y tener una ventana en la loggia me permitió a salir sin restricción de horario desde que llegué al nuevo hogar. Después de pelarme el costado derecho y que la mami solucionara el problema de que mi panza dejara todos sus pelos en el canto del vidrio, retomé mis rondas de reconocimiento del sector. El estacionamiento, la pandereta, el territorio vecino. Ya las siguientes, comencé a reconocer caras: el Huguito (bull dog), mi doble (el gato con el que la mami me confundió dos veces hasta que notó que no tiene las patas blancas), el gato grande al que salgo a echar y él, el gato negriblanco que un día me persiguió hasta la ventana.

Ya había oído decir a las amigas de la mami que los machos son cargantes y ponen cara de buenos aunque tengan odiosas intenciones, pero no lo había vivido hasta que ese degenerado me empezó a ir a esperar. La mami encontró que era la maravilla que me hiciera amiguitos, pero yo le hacía sonidos estereofónicos y se enteró de que no lo soportaba mucho.

Hasta que un día, estando yo en el living... lo ví. De lejos. Hice un sonido tan fuerte que la mami corrió a ver si había un ladrón o un gato dentro de la casa, pero cuando se dio cuenta de mis intenciones homicidas ya era tarde. Yo salí con mi Qi a cuestas por la loggia y me tiré en picada contra el enemigo. La mami miraba boquiabierta a su dulce gatita regalona darse vueltas en el aire mientras moños de pelo suelto se esparcían por el lugar. El maldito escapó en un momento pero mis pasos fueron más rápidos, lo alcancé y como una bola de lana esquizofrénica, seguí enterrándole mis uñas, a las que a propósito había dejado sin manicure.

Por un tiempo seguí apareciendo con cicatrices y un día llegué desnuda (ops) sin collar ni chapita con el nombre, pero parece que entendió el mensaje el felino ese y hace días ya no me encuentro con él.

Ahora que ya ví "Kung Fu Panda" la próxima le aplico una llave dactilar.

junio 18, 2007

El Kendo y yo.

Sábado 16 de junio. Mi trasnochado viaje a Temuco terminaba a las 6:40 y a las 8:30 debía estar cámara en mano fotografiando en Pitrufquén. Eso decía la agenda, pero el kiu que me acarreaba estacionó fuera del Gimnasio Municipal, recién una hora más tarde.
Vistiendo sus hakamas y varios de ellos descalzos, los kendokas se paseaban por el gimnasio o daban extraños saltitos hacia atrás y hacia adelante, moviendo su shinai, que no eran para pasar el frío, sino parte de la disciplina de entrenamiento (según deduje).
La competencia partió y no pude contener mi risa, aunque disimulé la expresión. Tal vez yo había visto el kendo sólo en fotos y nunca con sonido, por lo que ignoraba que en cada ataque, ambos guerreros se dan gritos salidos del estómago para liberar el Ki (punto que en este momento no estoy en condiciones de desarrollar, pero lo haré). Pasado mi minuto de risa, y en franco proceso de congelamiento, comencé mi interminable sesión de fotos y peleas con el flash, que dicho sea de paso, cuesta mucho más aprender a utilizar que cualquier cámara.
Combates toda la mañana, un chocolate destinado a dar energía a un competidor que finalmente me devoré en busca de las calorías ausentes, y la caballerosidad que suele rondar los campeonatos de disciplinas niponas, con toda la camaradería y los abrazos que se dan unos con otros, luego de parecer haberse enfrentado a muerte.
Un churrasco italiano a mediodía, con la nota casera del pan amasado, restableció mis energías.

Con lluvia de fondo ¿diluvio? pasó la tarde con la sensación de que no tenía pies ni nariz. Las tazas de té al almuerzo y aquella al final de la tarde, me alegraron más de lo habitual.
Estuve todo el día observando y no fuí capaz de reconocer ningún punto. Es bastante veloz y algunos embates, demasiado cortos.

Ahora no estamos tan lejos el Kendo y yo.

La Noche de San Juan

Francamente inexplicable me resulta todavía la relación entre San Juan el Bautista y la noche de los hechizos.
Recuerdo que de niña, mis compañeras de colegio comentaban las "pruebas" de San Juan el día 23 y las experiencias sobrenaturales de sus parientes del campo en noches pasadas, en que bajo la higuera, guitarra en mano, se les aparecía el diablo ¡como mínimo! El 24 traían mitades de papas, papelitos con tinta y otros adminículos que había utilizado para dar vida a esa noche que más bien me provocaba temor, y compartían los resultados que, visto 20 años después, nunca atinaron a develar el amor de su vida.
Para mí San Juan nunca figuró por esa noche, sino por el "Veranito". Eso sí que me gustaba.
Pero es bueno rescatar las tradiciones, aunque uno no las comparta por filosofía (o por susto, como era mi caso). Y resulta que en una somera investigación, me encuentro con que depende el país, es lo que pasa. Por ejemplo, la higuera: en España, si uno se sienta bajo ella con una guitarra, se aprende a tocar el instrumento de inmediato (no haber sabido antes!!), pero en Chile, el asunto es que a uno lo visitaba el diablo. Con el espejo, las europeas que se miran desnudas de espalda, tampoco ven al personaje colilargo, sino su muerte. Y así. Las papas no parecen ser habituales en el viejo continente, pero aquí las tiras bajo la cama con nombres y la primera que coges, a la medianoche, es la de tu amor verdadero. En España aliviaron la traidición y evitaron el derroche de comida, definiendo que los solteros y solteras sólo deben mirar por la ventana y verán pasar al amor de su visa (me pregunto, sin embargo, quién va a andar en la calle si todos quieren estar mirando por la ventana... a menos, y esto no me queda claro, que sea una visión de esas mágicas que sólo se ven esta noche). Las calles de muchas localidades se iluminan con fogatas comunitarias, costumbre que a otros países, como el mío, llegó media chamuscada en la forma de "para olvidar algo malo, debe quemar un papelito a las 12 con aquello escrito".
De todo lo que hallé, lo que más me gustó fue esto "quien madrugue el día 24 no pasará sueño el resto del año", buen consejo para alguien que conozco, pero que ya tiene planeada su noche de San Juan y lo único que estará en condiciones de hacer por la madrugada será acostarse.
Hay reconocidos orígenes celtas en la tradición de celebrar el solsticio de verano, sin desmerecer las numerosas culturas que paralelamente celebran el solsticio de invierno (la longitud del día y la altura del sol al mediodía, son mínimas), como lo hacen los mapuche al celebrar su año nuevo -We Xipantu: la nueva salida del sol-, coincidente con el Inti Raymi de la tradición Inca, y la celebración de otras culturas andinas, eventos en que se le rinde culto y agradecimiento al Sol.
El pueblo mapuche cree que entre el 20 (o 21) y 25 de junio (del calendario winka) la naturaleza modifica todos sus elementos produciendo cambios profundos que impactan sobre todos los seres vivos y comienzan las actividades que preparan la tierra para las siembras de una nueva temporada. El día exacto de celebración del año nuevo, se rige por la luna.

De un modo u otro, con mayor o menor espiritualidad, el solsticio de invierno (hemisferio sur) o de verano (hemisferio norte) es conmemorado cada año de manera mística. O no tan mística...

junio 12, 2007

Las bendiciones del Transantiago

El famoso "Transantiago" que se implementó en mis pagos a inicios de Febrero, trajo de un día para el otro, todo tipo de complicaciones para trasladarse: tarjeta de pago agotada; buses llenos, incómodos e inhumanos; baja frecuencia; malas conexiones; sobrecarga de pasajeros en el tren subterráneo; quedar repentinamente "mal ubicados" en el barrio que antes era ideal.
Y sin embargo, los dedos mágicos de la vida, no dejan de asombrarme cuando al mismo tiempo que algo nos quitan, algo nos regalan. Un día descubrí que, por la tarde, podía cambiar los muchos minutos de espera y los buses que pasaban de largo casi raspándome la nariz, por una hora de agradable caminata hasta mi casa.
Santiago está convertido en un "viejo otoñal odioso". Con más frío que otros años en pleno invierno y una contaminación que espanta y enferma, no invita precisamente a los largos paseos, a menos que sean, como en mi caso, la mejor alternativa para desplazarse.
Después de caminar a paso firme, bien abrigada, observando las luces de la cuidad cubierta de noche, y descubrir pequeños secretos en calles que parecen tan iguales unas con otras pero que aún dejan espacio para los misterios (como la vieja casa con balcón entre modernas construcciones), la llegada a casa tiene un aire de triunfo. Y un poco más de apetito.

abril 11, 2007

Amanda

Bien dicen que finalmente lo que queda es la familia.
Algo existe, incomprensible al primer vistazo, en los genes o en la relación de afecto que hay cuando se trata de la familia.
Toda la vida he defendido mi amor por mis amigos, por quienes elijo para ser parte de mi vida y por quienes me eligen a mi. Y a pesar de eso, debo decirlo, la familia es la familia, y no sé si se trata de sangre -apuesto que no- pero sí de algo que supera mi entendimiento.
Ayer nació la esperada Amanda. Fruto de una de las parejas más lindas que he conocido y largamente esperada por una prole grande de tíos, primos, abuelos, bisabuelos.
Desde que estaba acurrucada en el vientre de su mamá, me entusiasmaba imaginar el momento de verla, la sensación de ese primer encuentro después de meses de un bendito embarazo que nunca nos trajo sobresaltos.
Nada me impidió ayer salir del trabajo corriendo para ir a conocerla antes de que se acabara el horario de visita.
Tan pequeñita y durmiente, pero tan perfecta. No abrió los ojos para nada, venía de un día de mucho trajín como para ofrecerme una mirada, pero después de un resongo pequeño, dejó que la tomara para admirarla de cerca. Todo es bello en ella, su cara, la forma de su cabeza, su boca, su nariz. Pero lo más hermoso, es que es parte de dos de mis seres más queridos, y trajo de ambos en cada parte de su pequeño cuerpecito. El milagro ahora tiene la forma de una niña que aún descanza en la pieza de una clínica, pero que en un par de días conocerá el bello hogar que sus papis han preparado para ella durante el tiempo en que han cultivado la linda relación que los une. Y mi pequeña Amanda sabrá que tiene una pieza llena de colores, un gato y una perra preñada, y un tremendo familión que la visitará los fines de semana.
Si los niños eligen dónde nacer, la Amandita hizo una preciosa elección.
(dedicado a la familia León Acuña)

marzo 21, 2007

Cassandra: Adicción

Mi nombre es Cassandra y soy cariñoadicta.

Bien, habiendo asumido el problema -primera indicación de la ACA (Asociación de Cariñonómanos Anónimos)- paso a contarles.

Por alguna razón, desde hace algún tiempo, siento una necesidad vital de cariño por las noches. Todo comenzó una calurosa noche de verano en que, de madrugada, cuando el sueño de los humanos está en su fase profunda, alenté a la mami a hacerme cariño con un golpe de mi cabeza sobre su mano. Ella, adormilada, me tocó la cabeza y acarició mi lomito, mientras yo me paseaba encima suyo. De eso hace ya un par de meses, con el consecuente agravamiento del problema. Porque ahora no sólo la despierto una vez. Hace dos noches, tuve DOS arranques de ternura, y ya no me puedo controlar, porque antes cuando la mami se quedaba dormida en medio de la sesión de "cariños de trasnoche" yo me resignaba. Ahora me es imposible, tanto que le mordí el pelo, no encontrando nada más que morder porque ella se había tapado completa tratando de escapar de mí!!
Lo peor es que se hace cada vez más frecuente mi necesidad desde el día en que me tiré balcón abajo al departamento de la vecina. Seguramente la ansiedad provocada por el encierro obligado o la llegada del otoño.

Actualmente, estoy en tratamiento. Me hacen jugar mucho rato de manera que no despierte en la noche y me dan atención hostigante con exceso de cariño para que luego no lo necesite. Anoche funcionó. Lo malo, es que ahora me estoy volviendo juguetonadicta, y no sé cómo vamos a salir de eso.

marzo 14, 2007

Le quedan 4 (hasta donde se sabe...)

Mi gata tenía menos de dos meses cuando se salvó de morir atropellada en una de las esquinas con más flujo de autos en Santiago. Al día siguiente, se salvó de que el dueño del auto en que se refugió, prendiera el motor y la matara (del golpe o del susto). Esas son las vidas que ya había gastado, de las siete que traen los gatos, antes de que llegara a mi.
Ya juntas, digamos que sus dos malos ratos -una caída al patio vecino y un día entero perdida en algún lugar desde el cual maulló a todo pulmón pero logró safarse sola- no eran para descontar vidas. Pero riesgos tuvo.

Ayer sentí un ruido en mi balcón, a las 7 de la mañana. Da lo mismo el oído, es el corazón el que avisa. Mi gata no estaba y yo no era capaz de mirar desde la altura de ocho pisos a la que está mi departamento. Nadie vio nada, nadie llamó durante el día para avisar la mala noticia, y luego de un eterno día de trabajo, pudimos buscarla por fin con el generoso amigo que se prestó para consultar en caso de que hubieran malas noticias que recibir.

NADA. Eran las 8 de la tarde, y nada. Mi gata desaparecía sin dejar rastro.
"Si estuviera viva y escucha que la llamo, maullaría" le dije certera a mi amigo. Y para probar por última vez la teoría, grité por el balcón "¡Cassandra!"

"¡MIAU!"

Mmmm??? grité denuevo y miré a mi amigo "¿escuchaste?"... "sí".
Estaba viva a cierta distancia aún no determinada. El candidato era el departamento de abajo. No había nadie. La buena suerte hizo que encontráramos a la dueña llegando y la mala, que al revisar su casa no encontrara nada y que ella tuviera que salir de inmediato.
Se fue la vecina, se fue mi amigo, y volví a insistir... mi gata gritaba inconfundible respondiendo todos mis llamados. Incapaz de confiar en mi oído, bajé, y desde el primer piso, mi amigo -al que hice volver para que me ayudara a verificar la ubicación- y yo, la vimos muy sentada en la barandilla del departamento en que el que yo acababa de buscar.
A las 2 de la mañana la dueña llegó. A esa hora entré, yo primero esta vez, al hogar de mi ahora conocida vecina. Dos "Cassandra" y ya la tenía en brazos.

De regreso en casa, mi gata se paseaba como si nada, como si el paseito hubiese sido cosa de todos los días. No sé si se cayó o decidió saltar al domicilio de abajo, pero cualquiera sea la razón, desde hoy el ventanal permanecerá cerrado.

Me la imaginaba con ventosas amarradas a las patas y alguien más, con paracaídas de mochila, pero creo que tendré que optar por un mecanismo más factible.
Y ella tendrá que optar por quedarse en casa o nos echaran del edificio "por molestias causadas por gata voladora cayendo en balcón de vecino".

marzo 08, 2007

Día Internacional de la Mujer

La pregunta recurrente es "y ¿cuándo es el día del hombre?" la respuesta es no hay y las razones se me vienen a la mente de varias formas...

La mujer ha luchado por siglos para tomar un lugar en la civilización particularmente machista que nos ha visto nacer en todo el globo, a excepción de algunas culturas de índole matriarcal, que han sido las menos. Hace menos de un siglo, en esta misma cuidad, una mujer universitaria era mal vista, lo mismo que una que anduviera en moto. La simple idea de trabajar fuera de casa sin necesidad de ser el sustento de la familia, era síntoma de que "fulanita" era rara, suelta, quién sabe...
La mujer fue por décadas "la mujer de...", "la viuda de...", y no podía tomar decisiones sobre muchas cosas, incluso en su propia casa.

No hay culpables, no se trata de hombres malos que la hayan sometido, se trataba de madres y abuelas que le hacían vivir así, sintiéndose siempre menos, y enseñándole a aguantar lo inaguantable.
Las lecciones de la vida eran el macramé y la cocina.

Cuando pongo ropa en la lavadora automática y le agrego el detergente en polvo, pienso en las mujeres que vivieron décadas de lavar a mano, agachadas sobre una tabla que les rompía los dedos y resfregando con ese jabón azul. Que luego, como si esa tarea no les hubiese arrebatado todas las energías, almidonaban las camisas y estiraban las prendas con unas planchas de fierro a las que les ponían brasas, que a más de alguien deben haber quemado.
Y luego pienso en que no tenían los porotitos congelados, los choclos desgranados, nisiquiera tenían agua potable a veces, pero hacían cinco platos distintos para el almuerzo, y las tortas de cumpleaños, y mataban el pollo en su propio patio en vez de comprarlo limpio dentro de una bandeja.
No tenían uno, sino varios hijos, sin anestesia, y desde muy jóvenes. Pienso en que no manejaban, que no tenían dinero a menos que lo pidieran, que aprendían a ser sumisas por obligación. Que eran consideradas menos inteligentes, en vez de con habilidades distintas, como se sabe hoy.
Hay tantas cosas que pienso y me parece que es tan claro, tan justo y tan merecido un día como éste, que le puedo argumentar a cualquiera lo bueno que es celebrar el honor que tenemos algunas mujeres, y ojalá lo tuvieran todas, de ser libres y felices, aunque ganemos menos y no nos contraten por miedo a la maternidad -que es la misma "enfermedad" que tuvieron las mamás de "esos" gerentes de personal para traerlos al mundo-. Somos, al menos, independientes para arrancar de una vida indigna, libres para reír, para ser hermosas y amar sin miedo. Y aunque traten de desdibujar, las mujeres siguen atendiendo la casa, criando a los hijos, acostándose después que todos.... No necesitamos ser igual de fuertes, igual de altas, igual de rudas. Sabemos lo que somos, siempre lo hemos sabido, y este día es para que los niños y los hombres también lo sepan, porque nosotros conocemos desde siempre lo especial que es ser mujer.
Y también es para que la palabra "mujer" llegue a los ojos y oídos de aquellas que siguen viviendo en el sótano de la vida, sometidas a tantas distintas amenazas. Para que no se olviden que son mujeres, que son sagradas y que si no ellas, puede que sus hijas, o sus nietas, sonrían un día felices de ser quienes son.
(dedicado a los cientos de bebés recién nacidas que en India sus padres dejan botadas en la calle y a las que son asesinadas en China porque un varón es "mejor" para la familia)

marzo 05, 2007

Jorge Drexler

Me llegó pirateado en un cd de folcklore, como se estila, en la forma de su canción "Frontera". Deuda pagada: todo cuanto escucho ahora, es original.

Su música es la que me inspira ahora mismo para dedicarle unas líneas por haberse colado de a poco en mi casa, mis oídos. Y mi ducha: tradicional estudio de ensayo para los cantantes amateur.

Drexler es un observador de los detalles, capaz de arrebatar letras desde pequeñas situaciones entrelazadas con su vida. Es un agradecido de quienes lo inspiran y de las manos que le prestan el alma para transformar su talento en trabajo, y su trabajo en subsistencia.
Lo oigo, trovador de historias simples, y me resulta tan claro que sea reconocido aunque menos conocido en mi país, de lo que quisiera. Pareciera que su visión fuera poesía y su pluma música, que se escapa por sus dedos y acaricia la guitarra que lo acompaña.

Lo observo (lo oigo, lo leo) y lo adivino generoso más que divo receptor de elogios ¿Qué será que los buenos tienen la humildad que en los no tan buenos escasea? Yo soy humilde, pero no me queda otra, con mi tanto gusto por escribir y mi tan poco digno verso. Pero que él escriba humilde, es notable. Y que se suba egocéntrico a un escenario a sacar la voz por todos los que nos quedamos en este rincón del mundo, también lo es.

Sin título...

De los días marchitos rescato el primero y de vuelta lo arranco y lo dejo caer

De los días cálidos tomo el amanecer, el azul del cielo y su tarde anaranjada
De los días fríos, rescato los bosques frondosos del sur de mi sur y el rocío atrapado en una flor violeta

De los días eternos me quedo con el reposo que llega, bajo las sábanas frescas
De los días cortos sólo tomo su recuerdo, para no acortarlos más

De los amaneceres tomo la brisa y me abrigo con ella, y con el último astro travieso
De las madrugadas, bebo la luna en una copa y me robo el sigilo de los gatos

De los días enfermos, me quedo con la sopa de mi mamá y sus caricias, servidas en bandeja
De mis cumpleaños, me quedo con los frijoles negros y las sonrisas en la sala, del año hace años

De los días contigo, vida, me quedo con todos.

marzo 01, 2007

Un día bueno

Entre los días buenos, éste es de los mejores. Sin viejas ni nuevas, ni malas ni buenas
Traigo la lucidez de la tranquilidad que me heredó la noche bien dormida
Y el café que no bebo pero que suena tan bien decir que lo he bebido,
Ese que inunda en las mañanas, con su aroma imaginario, la casa que desde lejos sueñas.

Estás tú y está ella con sus blancos cabellos y su risa,
Está la música que como canto sale de mis labios y como sentimiento se fuga
Me recuerda tu nombre y las primeras notas que cantamos, al inicio del invierno,
Y de eso hace tantos inviernos y caricias. La vida pasa de prisa.

De los días malos no me olvido, los he dejado estacionados
Junto con el auto que dejé a más cuadras que mis ganas pero menos que mi ánimo
No en mi casa, porque en ella no meto días malos, ni días pasados que abandoné con dolor
Sólo la luz de los afectos y las sombras de los rostros que siguen a mi lado

Está mi mente y mi alimento, la voces que me arropan cuando el alma tiene frío,
un par de amigos, algunos recuerdos y otro par de cariños
Están todos entre las líneas de mis historias y en la historia de mi vida
Como están los días, como éste precisamente, en que despierto y aunque no te vea, sé que estás conmigo.

Primera vez

Los pasos casi sin tocar la tierra, que no es propia, es ajena...
La infancia feliz vista desde lejos, y el dolor del miedo.

Miradas bajo una cruz y el cielo, dos segundos y un amor eterno
La fe, el susto, el amor y el gusto, el paso decidido que no dio fruto
Otra vez la fe, y otra y otra, y las manos cayendo al suelo tras la derrota

Con el rostro sonriente, diligente, atentamente presente y secretamente ausente
Los pies siempre en el aire y en camino, inconcientes del tiempo, de tránsito tibio

Recibiendo y dando, riqueza y ausencia, siempre los pies sin pisar la tierra
Cercana en la lejanía de los caminos mal tomados y lejana en la mirada de los extraños
Distinta, distante, sólo visible a los ojos igual de impenetrables

Sin olvidarse, sin creerlo, se sumerge en la candidez de sus amores sinceros
Y roza tímidamente sus dedos antes de correr, en el piso suave, por primera vez.

febrero 14, 2007

Día de los Enamorados

FELIZ DÍA para todos quienes estén enamorados o recuerdan a esos amores que la vida o la muerte se han llevado. Feliz día para los que celebran esperando un hijo; para los que van en su Día de los Enamorados de plata, de oro, de diamante!! ; para los que celebran junto a su pareja por primera vez. Feliz día para aquellos que han estado enamorados toda la vida de alguien a quien nunca más han visto y para los que creen que nadie los ama, pero tienen un enamorado del que no saben.

La historia, cierta o no, cuenta que en Roma del siglo III, el obispo Valentín decidió casar a parejas de enamorados que no podían contraer dicho vínculo, haciendo caso omiso del edicto en que Claudio II -quien consideraba que los soldados casados rendían menos en el frente- prohibía el matrimonio entre romanos. Cuando Valentín fue apresado para esperar su condena a muerte por desafiar al emperador, tuvo una aprendiz llamada Julia a quien, justo antes de acudir a su ejecución, le entregó una carta con sus últimas palabras.
La otra historia, sobre las Lupercales, en la que se piensa se originó esta celebración, es todo menos romántica así que, créanme, hay que quedarse con la anterior. Y sobre Valentín hay muchas versiones, otra de ellas igualmente bonita, que dice que dejó en la ventana de la casa de tres jóvenes pobres, las joyas suficientes para darlas como dote y poder casarse, pero pareciera que la primera tiene más relación con lo que hoy conocemos como "día de los enamorados".

La cuidad está llena de flores en ataditos, ramos y arreglos. Incluso hice mi pequeño aporte al redireccionar a un repartidor que estaba perdido con dos ramos de rosas rojas que, seguramente de grandes, no le dejaron ver el cartel con el nombre de la calle, y por eso se pasó.
Me gusta este día porque las parejas se ven felices, de la mano, y se besan más que de costumbre. La cena se prepara con más entusiasmo o por fin se sale a comer fuera de casa.

Las excusas para estas veinticuatro horas al año son válidas porque no todos saben que cada día se puede pintar de colores románticos.

Como dato, mañana liquidan las flores y tooodooos los objetos con corazones.

enero 25, 2007

enero 19, 2007

Mera Observación

A veces las historias tiernas se cuentan ante nuestros ojos.
Ayer pasé a la panadería de barrio que hay cerca de mi casa. Como siempre en la tarde, los fieles compradores de marraqueta recién horneada, hacíamos una pequeña cola para llegar al mesón. Esperando fuera de la panadería, había una niñita de unos 3 o 4 años, sentada en su bicicleta con rueditas de apoyo, estacionada de frente a la murralla de la panadería, afirmando el manubrio con su mano derecha y con la izquierda, comiendo un chocolate que -con forma de helado- está pegado a un palito. Se retiraba del local un señor con un bebé de año y medio que apenas caminaba sujeto de su mano izquierda, y le decía "llama a tu hermana, llama a tu hermana", instrucción a la que un varoncito de pañales y poco equilibrio, no podía menos que no reaccionar. Mientras, yo miraba cómo la bella niñita rubia de pelo rizado escuchaba a su abuelo y comenzaba a comer cada vez más rápido su pequeño chupetín. Su abuelo avanzaba, con esa mala costumbre que tienen los adultos de adelantarse perdiéndose la diversión, pero luego se detuvo, y sólo llamaba a su nieta por el nombre. Ella estaba en una situación difícil, no podía manejar su bici con el dulce en la mano y no sabía dónde dejarlo, por eso su urgente necesidad de devorarlo para luego ir a botar el palito al basurero de la panadería -como seguramente sus padres le han enseñado- y regresar para sacar su vehículo de la posición en que estaba. Lograrlo, fue otra titánica experiencia. Si bien hacía la fuerza para conseguir que se movieran sus pedales, ésta no era suficiente, y por la posición en que estaba, la bicicleta no se iba hacia adelante ni hacia atrás. El abuelo se escuchaba un poco más lejos cada vez. La niñita lo miraba, miraba angustiada su corcel de metal, pero no se rendía ante el esfuerzo que significó hacer por lo menos diez intentos hasta que por fin, la bicicleta giró, la ciclista pudo volver a la vereda y llegar hasta los dos varones que la esperaban pasos más allá.
A mi edad, uno no recuerda los esfuerzos que significan algunas maniobras cuando las manos no son diestras, la cabeza es muy grande y el cuerpo es de un tamaño tan poco práctico. Es muy gratificante tener ojos observadores para darse cuenta de que hay pequeños héroes por todas partes.

enero 16, 2007

Cassandra: Desahogo

La mami le cuenta a quien se le cruza que de noche le muerdo los pies.
Pues bien ¡basta ya! de creer que soy la única que propicia roces intrafamiliares.
Cuando viajó, hace semana y media, me sacó con un ESCOBILLÓN desde atrás del refrigerador. Un escobillón que tenía un paño sí. Y no me pegó sino que me empujó un poquito para que yo sintiera que no había espacio y saliera. Pero igual!! violencia es violencia!
Hace dos noches, sí, le mordí la manito y lloré varias horas, pero ¿por qué? porque se acostó sin mirar mi platito y resultó que ¡estaba vacío! ¿no habrían mordido ustedes? ¿ah?
Bien, y anoche... anoche no saben. Yo me acosté tempranito igual que ella. No vimos película ni nada. Y en la mitad de la madrugada, recibo una patada. UNA PATADA, tal como lo leen. Sin mediar provocación, me pegó una "chuleta", con mi consecuente reacción de salto en el aire. Ella se despertó con el incidente (sí, estaba durmiendo, pero y qué? acaso le vamos a dar inmunidad por eso???) y vio como me abalanzaba entre asustada y enfurecida, sobre ella. Solo alcancé a morder un poquito de su pie y otro poquitito de su mano mientras me decía "fue sin querer, fue sin querer". Cuando se durmió, le fuí a morder el pie que sacó fuera de la cama para terminar de relajarme, despertarla, y así, instalarme para que me hiciera cariño y perdonarla.
Ella dice que soy una fresca y yo no encuentro. Es mi casa, y es MI mami. No veo dónde me pude haber tomado atribuciones de más. Nisiquiera cuando entro a la tina apenitas ella dejó de ducharse o cuando me encaramo a langüetear la cajita de su leche con chocolate. Habla de más. Como si yo siempre la despertara con mis maullidos de noche... nada, en una semana grito, a lo más, seis noches, eso no es "siempre". Ni le saco muchas hojitas a las plantas, sólo las necesarias para jugar. Y tampoco se me puede culpar de la manilla que le falta al cajón, porque yo me la encontré en el suelo, y "sólo" la perdí.
Estoy pensando seriamente en redactar los derechos de los gatos, o para evitar el cansancio, buscarlos en Internet.

enero 14, 2007

Cassandra: ¿Dónde está ¿Wally??

La mami dice que estas fotos están tan malas que mejor ni diga que las tomó ella. Así que no diré.

Según ella, se parecen a un juego que se llama Where's Wally? en el que buscan a un flaquito de anteojos y gorro, que viste una camiseta a rayas rojas.

Bueno, ésta es mi versión. Gana el que me encuentra.

enero 13, 2007

13 de Enero

Según algunos, los primeros días del año reflejan sus doce meses.
En ese caso, mi año debería venir buenísimo!
Los primeros doce días del año (en realidad trece, porque hoy ha estado de maravilla) han traído muchas experiencias gratas, conversaciones de las más honestas que recuerdo, y un estado de total tranquilidad para mí.
Como si fuera un cristal de cuarzo, dejé pasar de largo todas las angustias, y reconocí la buena cantidad de sensaciones gratas que se paseaban cercanas.
Un día bueno, no es aquel en que no tengo problemas, es aquel en que puedo enfrentarlos. No es aquel en que no siento miedo, es aquel en que puedo expresarlo. No es aquel en que estoy con gente, es aquel en que me acompaña el cariño de las personas.
Un día bueno es un día como el de hoy, en el que percibo lo muy bueno que hay en mi vida.
Un día malo, es entonces, aquel en que a pesar de recibir sonrisas, no recibo un cariño honesto. Aquel en que no tengo inspiración para escribir a causa de mi expresión reprimida. Es un día en que teniendo los mismos ojos, no soy capaz de ver la belleza, o teniendo tantos pensamientos, no soy capaz de mirar.
Hoy es un día precioso. He estado sola, pero mis amigos están con sus familias, mi madre con sus hermanas, mi gata con su cajita de arena limpia y yo, a punto de ir a tomar un rico helado. Nada puede ser mejor.

Lican Ray

Al parecer una araña (nunca se supo) fue la causante de mi repentino y corto viaje, hace una semana.
Mi buen amigo de Temuco, recién salido de sus días de hospitalización con antibióticos a la vena, pretendía cumplir su compromiso de viajar a Santiago a pesar de su hinchada, y poco agraciada, pierna edematosa. Amenazados todos, su familia y yo, de que iba a venir de cualquier forma, surgió la linda idea de que yo viajara y aprovechara de celebrar con ellos el cumpleaños de su hermana en Lican Ray.
A mitad de semana me aparecí por la ventanilla de la empresa de buses y pedí mi pasaje de ida "¿para cuándo?", "para el viernes", y "¿de regreso?", "el domingo", respuesta que fue suficiente para que el dependiente me hiciera el comentario de que era muy poco tiempo para tan lindo viaje, a lo que no podía menos que decir que sí, pero que valía la pena.
Diez y media de la noche del viernes, después de ir a buscar a mi gata, retirar un exámen de laboratorio, regar las plantas de mi tía y dejar a la felina con mi mamá, partía mi viaje hacia Temuco. Desperté unas 8 veces durante la noche pero el tiempo pasaba muy lento. Antes del amanecer, la silueta de las nubes sobre los campos y el color anaranjado del cielo, creaban imágenes conmovedoras.
Mi llegada estaba prevista para las siete y media de la mañana, pero a eso de las seis cincuenta, los pasajeros coincidían en llamar a sus familiares diciendo "estamos llegando". Así que tomé mi teléfono y le dije a mi amigo "parece que estoy llegando" y dentro de otras preguntas, me dice "¿... pero ves casas?" y le dije "no". Corté y acto seguido ¿qué ví?... casas.
En fin, esperar en un terminal tampoco es tan malo, sobre todo cuando existe un hall interior para una mañana bastante más fría que las de Santiago. Habiendo llegado mi amigo de cojo pero digno caminar, salimos del terminal y leo con infinita gracia cómo el cementerio colindante hace propaganda a su "moderno crematorio" como quien avisa una pasta dental.
Después de un conversado desayuno y de las muchas actividades (y vueltas) de mi amigo antes de dejar la cuidad, salimos junto a su hijo pequeño, rumbo a Lican Ray, que está a más de hora y media de camino.
Al llegar, el resto de la familia. Me recibieron como si la que los hubiera invitado fuera yo, já. Abrazos, besos, y en fin, esas cosas que no entiendo cómo otras personas no disfrutan, pero para mí son de lo mejor. Compartimos un rico almuerzo y un buen rato de cháchara entrentenida, hablando de fotografía, del lugar, de mis amigos cuando eran pequeños, de sus viajes familiares y bastante más.
Por la tarde, el bello lago Calafquén refrescaba a los veraneantes y me maravillaba con su belleza. Mis ojos se perdían entre tantas imágenes y recordaba mis paseos de infancia al lago Llanquihue. Sin duda, a pesar de eso, el ambiente creado por aquella familia, era lo mejor.
La noche de ese día, fue de pasear por el lugar, su plaza, y ver arroyos de lava antigua, bajo la luz de la luna.

El día domingo tomé un contundente, delicioso y conversado desayuno. Hacia el mediodía, bajaba a la playa a encontrar a mi amigo que a esa hora, haría Iaido. El lugar que elegimos, fue un sauce enorme que le regaló sombra suficiente para no desvanecerse de calor durante la práctica. Mientras, yo saqué fotos y sin ánimo de hacerlo, me encontré meditando sentada en el tronco del amistoso sauce que nos acogió.
Luego de eso, hambrientos y felices, compartimos entre todos un almuerzo con carne, papas, tomate. Esos alimentos simples que son capaces de convertirse en un banquete en cualquier momento. El postre no sólo fue la sabrosa sandía, también fue la guitarra, que nos acompañó hasta la playa para cantar un poco de bossa nova con mi desaliñado portugués y otras lindas melodías orquestadas por los dedos gráciles de mi amigo músico.
La tarde nos apuró, pero no tanto como para no tomar once, y partimos de regreso a Temuco por un camino que, esta vez, retuve mucho más.

Al anochecer, en el rodoviario, podía ver a mi amigo despidiéndome con mímicas y morisquetas que me hicieron recordar cuando me hacía reír de la misma forma aquel año 92 en que lo conocí en la bella cuidad de Valdivia. Parece que el sur tiene eso de marquetear los crematorios y hacer que los amigos se vuelvan un poco locos.

(Dedicado a la familia Gil Ramírez)

Cassandra: sin título

Puaj, hoy vomité mi primera bola de pelos.
El que sea sensible al tema, descuide, esa fue la peor parte.
Y por qué tenía una bola de pelos?
Bueno, fue así...
Deberán recordar mi apacible vida de gata en casa a ras de piso de buen vecindario, que a pesar de la molesta convivencia con un par de perritas, intenté mantener a través de distintos nuevos caminos para escapar y uno que otro cambio en mi rutina diaria. Pues, un día la mami comenzó a tomar todas sus cosas, y yo pensé, "bueh..." y de pronto comenzó a tomar todas "MIS" cosas... y entonces pensé "¡ops!".
De un día para el otro me ví viviendo en un tugurio de mala muerte (con todo respeto), sin patio, en altura y con un calorazo que derrite. Mi ánimo decayó de tal manera que me resistí a comer y comencé a pelechar, y la mami como haciendo raya para la suma me mira y dice "es tres" y yo no sé qué tienen que ver las matemáticas o si quizo decir que pelechaba como tres gatos en vez de una, pero el asunto es que luego de decir eso, me cambió el alimento y comenzó a comprar todo tipo de utensilios eliminadores de pelos para sobrellevar la situación, unos para mí, otros para la ropa, otro para los muebles y un pañito que con estática hace de las suyas llevándose el polvo y los pelitos esquivos.
De aquel tiempo, hace ya un par de meses, y aunque mi apetito mejoró, el tema de mi pelecha constante nos sigue intrigando.
El nuevo sucucho (insisto, con todo respeto), no tiene patio (perdón que repita pero tengo que reclamar cada vez que pueda). Está en el piso ocho y tiene un balcón que sí, se veía salvador, pero estaba fuera de mi alcance. La mami hizo el intento varias veces de sobreponerse a los nervios que le daba verme saltar a la barandilla, pero no pudo, así que me dejaba con el calor intenso del sol mañanero, nada menos que encerrada y sin cortinas, con el calor entrando por toda la casa.
Lo bueno que sucedió fue que un día apareció JP, un amigo nuevo que tengo (de mi mami es amigo hace como 15 años) (¡qué viejos no!) y le dijo que yo era gata, que no me iba a caer y que si me caía, en fin, sería en mi ley. Yo apoyé la moción, y fuimos dos contra una, así que desde ese día al menos me dejaba pasear en las tardes cuando ella llegaba.
Y convencida de que podía cuidarme sola, a las semanas la mami decidió empezar a dejarme con la ventana abierta durante el día y varias bendiciones antes de irse a trabajar. Los primeros dos días llegaba corriendo a verme, y yo la esperaba adormilada y regalona, así que se relajó. Tenemos un trato, ella me deja salir y yo, salgo ¿o no es un trato ese?
Lo que me gusta de la tonterita esa en que vivimos, es que van amigos de la mami que la quieren mucho, y ella se alegra y prepara unas onces con marraquetas calientes que hasta a mí me dan ganas de un trocito con mantequilla. Incluso tengo un fan, que se llama C, y que es quien más lee mis "columnas" en el blog desde siempre. Eso sí, a mi me gusta de lejitos, porque siempre me da susto la gente.
Bueno, casi siempre, porque cuando viene JP y cantan con la mami, es raro, pero me transformo y me paseo casi encima de su guitarra. Es que hija de tigre, tenía que salir rayada, así que me encanta la música (eso sí, por favor si alguien puede hacer causa común conmigo, díganle a la mami que deje de escuchar tantas veces "Desafinado" que hasta yo voy a terminar cantándola).
De nuestra vida, lo mejor, es que puedo regalonear cuándo quiera y donde quiera. Generalmente, tipito cuatro. De la madrugada. Pongo mi cabeza en la mano de mi mami inconciente, para que ella me acaricie. Si no resulta, le paso la lengua por la cara y después de reclamar, me hace cariño. Eso puede durar harto rato, depende de cuánta ración de amor esté necesitando y cuánto ánimo tenga mi mami de estar despierta a esas horas. La otra modalidad que tengo de llamar su atención, es mordiéndole un pie cuando lo saca fuera del cobertor. Es nueva y la encuentro ¡tan! divertida.
Lo peor, pasando al otro extremo, es que a la mami le ha tocado salir dos veces de viaje y las dos veces ¿adónde voy? a la casa de mi abueli. Y me gusta estar allá, lo que no me gusta es lo que pasa entre estar en mi casa y la de ella. Como después del cambio me dí cuenta que no es buena señal que a uno lo metan en el adminículo de transporte, aprendí la sencilla técnica de abrir mis cuatro patas y apoyarlas en la puerta de entrada de esa caja infame. Con eso, no sólo hago ejercicio y transpirar a la mami, también, evito que le den ganas de sacarme muy seguido. Una vez adentro, lo que sigue, esa vuelta en auto en la que la mami aprovecha de hacer un montón de trámites antes de llegar, es otra de mis desgracias. Pero ahora me voy en el asiento de adelante, con lo que sólo tres o cuatro veces emito un desgarrador maullido para jugar a que asusto a la conductora, y listo. Llegando a la casa de la abueli, todo cambia. Su departamento es grande y tiene muchos lugares frescos (además de canaritos, como ya saben) (pero no me los deja ver, como ya deducen). Ella tiene más pánico que la mami de que yo me caiga, así que no me deja salir al balcón, pero en ese tremendo espacio, con escalera, juguetes, closet para dormir, no necesito nada más. Ella me gusta porque me hace cariño y pasa conmigo todo el día. Y cuando me aburre, la ignoro y me voy, y ella me hace un desprecio ¡Nos queremos tanto las dos!
Pero, como nada es perfecto, pasan los días y ahí está de vuelta "la cargante" de mi mami y me agarra, y otra vez el show de la caja y mis contorsiones. La última vez estuvo 20 minutos debajo de la cama de la abueli antes de atraparme. Al menos que le cueste.
¿Y en qué estaba? ah! en mi bola de pelos, pues sí, como pelecho tanto me trago hasta los bigotes y me indigesté. Pero en fin, "gajos de la naranja" como dijo otro buen amigo.

diciembre 30, 2006

Bs As, medio día cinco.

Hoy es mi última jornada aquí.
A las seis me levanté, me arreglé, a las 7 me tendí a esperar que fuera hora para tomar desayuno en la "planta baja" (porque yo estaba en el segundo piso del hotel, que aquí es el 1) y me dormí hasta casi las 9, cuando un pasajero de otra habitación hizo sonar mi teléfono creyendo que era la recepción. Concientemente respeto eso de levantarme temprano, pero mi cuerpo se acurruca en cualquier parte para descansar.

Temprano fuí a cambiar la cartera por segunda vez. Sé que eso para los hombres no es comprensible, pero fue así: anoche ví una cartera negra preciosa, pero me traje al roja porque negra ya tengo, y roja combina con los zapatos rojos, y etc etc, toda esa charlatanería racional que mi mente práctica insistió en contar. A la media hora de haber salido de la tienda, sabía que hoy tenía que cambiarla por la bella cartera negra porque, simplemente, es perfecta.
Me corté el pelo. Caminé mucho nuevamente, y me tomé otro Munchi's, esta vez tb de crema tramontana, pero acompañada con Súper Chocolate ¡ñam!
Consumí otro par de cosas en un par de tiendas, y luego caminé con dirección a no sabía dónde, barrios en los que la gente vive y por los que transita a sus perros, y bebés, y hace vida apacible de día sábado. Edificios, iglesias, anduve feliz entre ellos.
Ví un repartidor de pizzas en patines y un perro galgo, con razón corren tan rápido, de lejos parecía desnutrido el pobre, con ese peso, cualquiera es aerodinámico.
Ahora termino y me voy, luego estaré en el hotel y salgo en mi vuelo a las ocho de la tarde.
Me queda mucho por caminar aún, pero voy feliz, descansé estos minutos y repuse energías.

diciembre 29, 2006

Bs As, el broche de oro.

¡Qué gran día!
Si bien Chopin sonó a la hora convenida, hice trampa hasta las 7 de la mañana. A las ocho y diez, me tomé tres vasos de jugo de naranja y me fuí, con tres compañeros de la empresa que me recogieron en el hotel, al día campestre.
El lugar, precioso, ubicado en Luján a una hora de Capital Federal, y llamado Rodizio, es una especie de campo, con pileta y restaurant. Una vez estacionado el auto en que llegamos, una carreta nos llevó, por una bella alameda, hasta el lugar en que el resto de la gente y un exquisito desayuno -con pan campestre, dulce de leche, más jugo de naranja (diría que me tomé un litro en total), mediaslunas, dulce de naranja- nos esperaba. Abrazos, besos y la calidez de todos los compañeros a quienes encontraba y de algunos colaboradores que hasta hoy sólo conocía por internet, fueron el presagio de un día perfecto.
La reunión anual de la empresa, estuvo llena de planes en que todos estamos considerados y desafíos que nos ponen un interesante e intenso futuro. Mientras nos hablaba, miré al director de la empresa pensando si acaso podrá dimensionar las muchas personas que nos motivamos y vivimos gracias a su visión y tenacidad.
Llenos de risa comentamos que es tan difícil explicar el negocio de nuestra empresa, que los amigos y familiares terminan pensando que estamos metidos en droga o negocios ilícitos, más ahora, que tenemos tantas operaciones en el Caribe. La sala se llenó de anécdotas, y el cansancio de fin de año se transformó en ánimo para enfrentar todos las metas trazadas con miras al 2011.
Para terminar, una bellísima cartera para cada mujer y un fino reloj para cada hombre del equipo. No hay más que decir, todos saben cuánto nos puede alegrar una cartera nueva!!
El frío salón en que se hizo la actividad, contrastaba con los 37 Cº de sensación térmica que había afuera... por cierto, a la sombra.
La noticia que anoche me pareció exagerada sobre la invasión de mosquitos en la cuidad de Bs As, cobró absoluto sentido con los tres hinchados mosquitos que pillé "in fraganti" succionando mi sangre (acabo de encontrar la primera "roncha").
El almuerzo fue muy rico. Ensaladas, bla bla bla, pero lo más importante: asado. La buena conversación, denuevo el pan campestre, y los dos postres al finalizar, lo hicieron ideal. Entre mis compañeros, otro amante de la fotografía con una cámara igual a la mía. Con cada uno tuve algún tema del cual conversar, me sentí una más con todos.
La tarde fue de fotos, piscina, fútbol, paletas, cada uno en lo suyo. Para mí fue de fotos y sofocante calor. Y el consabido chiste de querer tirarme al agua, a raíz del cual me agarré al gracioso compañero de manera que si yo caía, él tb. Y la vieja táctica funcionó.
De regreso, hice el viaje con un varón encantador, con quien hablamos de las cosas bellas que tiene Argentina, su mujer y la vida en general, y agradecí en silencio la posibilidad de estar aquí, pasando tan gratos momentos con personas cordiales.
Rauda, porque el tiempo apremia, partí a cambiar mi cartera (era linda, pero estaba pensada para que cada una la cambiara por la que quisiera) y al sacar la mano fuera del remis, sentí el aire caliente de un atardecer bonaerense: era como acercar la mano a un horno.
Esta es mi última noche. Ansío volver. No importa el calor que haga, ni los mosquitos, ni la (guacs) cucaracha en el baño, uno siempre se va con la sensación de que le quedan muchas cosas por hacer.
El día, ya bueno, fue coronado por la frase de un joven galán que me habló cuando venía caminando de regreso por Corrientes: "...¿casémonos?... ¿ahora?". No pude menos que mirar de reojo y sonreir.

diciembre 28, 2006

Bs As, día tres.

Chopin se tomó el día libre y las cortinas black out me hicieron pensar que era aún de noche. Finalmente, extrañada por la falta de sueño, miré el reloj... 9:19... ¡odio el black out!
Sin embargo, el día comenzó buenísimo. Dos vasos de jugo de naranjas exprimidas y el aviso por mail de mi primo que ubicó a mi madre, y contándome que ella, sus canarios y Cassandra, están muy bien.
Hoy, decidí ir al centro. Tomé el subte con la lógica santiaguina, y resultó que iba hacia la otra dirección. Lo tomé igualmente y fuí a hacer un par de cosas por ese lado de la cuidad. Luego, tomé correctamente la dirección y partí al centro. A medio camino, las puertas dejan de abrirse por un lado, y se abren por el otro, esa es otra cosa distinta.
Caminé más que Kung Fu, pero me resistí a parar, excepto claro, en un Munchi's para comprar un delicioso helado doble de super dulce de leche y crema tramontana.
Los argentinos piroperos siguen apareciendo a cada rato... "linda la morochita...", "qué signo sos, libra, aries??", "si querés te ayudo a llevar las bolsas...", pero todos bastante respetuosos.
POR CIERTO dentro de "las bolsas" lo que venía, y que no se lo habría pasado a nadie la verdad, jaja, era "Esto no es todo" de Quino!!!! un librote precioso por culpa del cual no podía salir de la habitación del hotel para seguir aprovechando el día.
El calor de hoy ha sido insoportable. Intenso que ahoga y con esa sutileza de hacer transpirar hasta el cuero cabelludo.
Pero Bs As está lindo, vivo, entretenido. La gente camina tramos largos sin reclamar, los mozos y dependientes de los locales trabajan orgullosos, y las mamás le hablan a los niños como si fueran adultos. Está lleno de costumbres que contrastan con las de Chile. Por cierto, aquí, todos te saludan ¡eureka!
Una vez que pude soltar mi nuevo libro de Quino, salí del hotel y, coincidencia, ví una citroneta igualita a la del papá de Mafalda.
En el camino por la Avenida de Mayo, me topé con otro paseador de perros, el que ha llevado a más de todos los que he visto, y todos enfiladitos medio lengua afuera, y con un orden envidiable.
Al llegar a 9 de Julio y ver el sol bajando por mi espalda, pude por fin orientarme, creo, correctamente. Ya dejé de compararla con la Alameda, ahora la comparo con Manquehue.
Café Tortoni.
Hoy salí con la bella intención de conocer el Café Tortoni. Caminé unas 12 o 13 cuadras, y me encontré con una cola de unas 60 personas "esperando" para entrar. Uy. Mi paciencia, y mis pies, no se sintieron capaces y lo dejamos para pasado mañana muy temprano. A cambio de eso, fuí al London City, un lindo café en el que pedí chocolate con torta de manzana, y dos vasos de soda para aminorar la deshidratación. Me trajeron la torta, el agua, una taza vacía y dos platitos pequeños. Al instante llegaron dos jarritos uno con un chocolate espeso y el otro con leche entera. Mezclé en la taza vacía, porciones casi iguales de cada uno. Un saquito y medio de azúcar y ¡voilá! el chocolate caliente más rico que he probado en mi vida. No quiero que se mal interprete, el submarino, tb argentino, es delicioso, y el atole mexicano de chocolate, debe ser maravilloso, pero "chocolate caliente", el mejor que he probado ha sido el de hoy.
Es temprano aún, estoy cansada y somnolienta, y mañana tengo el día campestre de la oficina. Creo que lo mejor es dormir y no olvidarme de programar mi alarma esta vez.

diciembre 27, 2006

Bs As, día dos.

6:30... Chopin. Media hora de regalo que me dí por no tener que preocuparme de hacer la cama ni preparar el desayuno.
Salí del hotel pasadas las ocho. Mi recorrido, según mi memoria visual, era: Corrientes, Obelisco, cruzar 9 de Julio y tomar Av. de Mayo. Luego de las 20 cuadras que debo haber caminado haciendo esa ruta, me dí cuenta de que no era Av. de Mayo hacia ese lado, si no, hacia el otro... es decir, hacia "mi" lado (no digo norte o sur, porque aquí me invento mis propios puntos cardinales convirtiendo a la 9 de Julio en una especia de Alameda santiaguina). Sólo para aclarar, había caminado todas esas cuadras de más. En fin, no importó, había salido temprano, y tomé rumbo contrario unas tantas cuadras más. Llegué a la oficina a las 9. Tomé uno de esos ascensores antiguos, con dos puertas manuales y llegué. Conocí a todos mis compañeros de la oficina de Bs As. Me recibieron con abrazos, sonrisas y una de las gerentes, con un pan dulce en miniatura que de tan lindo da pena comérselo. Al poco rato, me mandaron al estudio de fotografía en que nos retratarían para actualizar las fotos en la web. Entiendo claramente por qué me gusta estar del otro lado de la cámara, y sólo espero que alguna de las tomas sirva.
La evaluación sería a las 13:30, y había que preparar un listado de fortalezas, debilidades y etc etc que hice en unos minutos y quedé desocupada. Era el mediodía. A las 13:50 me llevaron a almorzar, las reuniones individuales estaban retrasadas. A las 17:30.... sí... 17:30, me hicieron entrar y tuvimos la reunión. Contrario a mi pronóstico, la evaluación fue rápida y favorable, me agradecieron y, por supuesto, quedé comprometida a trabajar en todo lo que se me ocurrió plantear en mi listado. Estuve a la altura, eso me puso feliz.

Salí de la oficina, ya tarde. Una de las chicas me dijo que fuera a Paseo Alcorta, un shopping grande y lindo. Otra de mis compañeras tomaba el colectivo que me servía para llegar allá, pero se bajaba mucho antes, y luego de insistentes consejos, me dejó sola y seguí el recorrido, pendiente de los puntos de referencia que ella me dio. El camino es fantástico, se pasa por avenidas grandes, mi favorita es la del Libertador, con unos ocho carriles para autos y muchos árboles. El Paseo Alcorta es un lugar lindo, de tres pisos y lleno de tiendas igual de caras que en Santiago, por lo que fue un paseo que no generó gasto alguno excepto el traslado. De regreso, tras una parada para llamar a mi madre, quien por algún motivo, no contesta el teléfono y se está volviendo una preocupación, encontré el paradero del mismo colectivo e hice el recorrido de vuelta.

Por segunda vez en el día, al llegar mi calle "creí" que debía caminar para uno lado y en realidad era para el otro. Y habiendo caminado varias cuadras de más, llegué al hotel. Noté que sus alrededores no se ven lindos hoy que pasa la basura, hay mucha gente recogiendo cartones y no se ve un barrio tan amigable como ayer. Pero lo peor del día, estaba por venir. Cansada y luego de pedir que prendieran el aire acondicionado de la habitación, entré al baño. Y como siguiéndome, entra nada menos que una cucaracha. Rápidamente, después de ahogar un grito, pensar en mi fobia y en que nadie me podría ayudar, tuve, el destino me perdone, que aplastarla. Lo pude hacer porque, aunque parezca increíble, las que de verdad me causan un pavor paralizante son las negras que se pasean por Santiago, o al menos eso me inventé para poder sortear el mal rato. Después de eso, nada me ha hecho sonreír, tal vez la cena que parto a comer ahora, repunte mi ánimo.

Me dormiré temprano, hoy fue un día de obligaciones e insectos, quiero que llegue mañana para ir a conocer el Café Tortoni, comer merengada con churros (ignoro qué es una merengada, mañana sabremos).

diciembre 26, 2006

Bs As, día uno.

Una cosa es amanecer a las seis de la mañana. Otra es levantarse a las tres. A esa hora sonó la música de Chopin que me despierta cada mañana. A las 3:50 debía pasar el transporte al aeropuerto. Veinte minutos después de la hora, tras llamar a la central, bajé y encontré la van parada afuera de mi edificio con un chofer tan profundamente dormido que tuve que remecerlo para que despertara. Llegamos a las 5:00 en punto al aeropuerto, pagué la diferencia de mi boleto (por haberlo cambiado) y después de todos los trámites, me dediqué a leer mi revista compañera de viaje (confieso que estaba entre la National Geographic Viajes y la Cosmo. Ganó la Cosmo). Siete en punto, me tomé la pastilla para el mareo. Embarcamos y el avión, Gol, me sorprendió gratamente. Nuevo, de asientos suficientemente cómodos, olía a muñeca nueva recién desempacada. Ya al inicio de sus movimientos, comencé a sentir los efectos calmantes de mi pastilla. Tanto así que ví un poco Santiago, luego abrí un ojo, ví la cordillera, y al despertar por seguna vez ya estábamos en Argentina. Por cierto, mirar este país desde las alturas, es sorprendente, parece un verdadero tablero de ajedrez o de un juego lleno de cuadraditos de colores. Toda la tierra trabajada, delimitada en cuadraditos pequeños vistos desde arriba, que seguramente son de varias hectáreas cada uno. Otra buena sorpresa de la aerolínea, es que destruyendo mis expectativas, nos dieron bebida, un rico sandwich y una barrita de biscocho con dulce de frutilla. Todo perfecto. Turbulencias, un poquito, pero yo, no sentía nada de nada.
Al llegar me esperaba el remis. La chofer era mujer, me saludó de beso y me conversó de inmediato sin parar. Amorosa ella, me invitó a sentar en el asiento de adelante. Tomamos la autopista, y a una velocidad muy lenta en comparación con el resto de los vehículos, a ratos ocupando las dos pistas, y con un estilo de manejo que combinaba soltar las manos a cada rato y pasar los cambios de la manera más extraña que he visto, nos vinimos rumbo a la cuidad. Agradecí llegar con vida al hotel, que por cierto es bastante simple, pero limpio, cómodo, y de buena atención.
En 10 minutos, me largué del hotel camino a Santa Fe, sí, a vitrinear. Ya no era tan temprano, por el avión que llegó tarde, la señora que manejaba lento, el atochamiento, en fin. Así que debía aprovechar. Caminé todo lo que pude, y paré, ya por la tarde en un Mc Donald's (ya sé, nada que ver, debí pasar a un restaurant y comer un buen biffe chorizo) pero fue un hambre repentina de hamburguesa, que por cierto, no me cayó muy bien. Caminé de regreso al hotel y me tendí a descansar, lo que significó dormir profundamente por bastante rato y despertarme cerca de las ocho de la tarde. Otra vez salí, y luego de caminar medio Corrientes, he llegado hasta aquí, para hacer mi resumen diario antes de que se me olvide.
Me gusta esta cuidad. Siempre digo que algo tiene, y no sé cómo se puede denominar. Ví jóvenes paseando perros (muchos perros atados a la cintura), mucha gente en los restaurantes, conversaciones, abrazos, esas cosas que por aquí se ven a menudo.
Ahora, conseguiré un restaurant que atienda hasta después de las 00:00 y me iré a cenar. Fotos, no. No está para salir sola con mi cámara. Ya habrá oportunidad. Hoy en el camino un tipo me habló "apuesto que sos psicóloga.... sí, apuesto que son psicóloga de la UBA...." y caminaba a mi lado conversando... así que le dije, no, no soy psicóloga, nisiquiera soy de aquí "¿de dónde eres?" de Chile... "aahh ¿andás paseando?"... no por trabajo... "¿dónde trabajás... bla bla bla?"... en Santiago para una empresa argentina "y cuándo te vas?"... mañana (mentira uno).... "¿y cuándo venís denuevo?".... tal vez en un año...."un año? pero no podés venir a verme???".... no creo que a mi marido le guste la idea de que venga a verte (mentira dos).... "lástima, bueh, que ta vaya bien".... Gracias.... y como dicen aquí "safé".
Mañana me toca trabajar, espero que me vaya bien, porque durante el día es la evaluación de desempeño de mis primeros 5 meses. Eso me pone un poco nerviosa, porque con todos los cambios que ha habido en mi vida ha disminuido mi concentración algunos días y seguro mi jefe recordará alguna de mis distracciones. Es probable que él también se ponga nervioso cuando me vea obligada a contarle sobre mis problemas personales, de los que él no se dio por enterado. Lo mejor de todo, es que conoceré a todos mis compañeros por fin.
Ahora sí me iré. Este día ha sido bueno. De un calor intenso y húmedo que a ratos me hace sentir un poco descompuesta (no sé en qué pensé que traje pantalones en vez de "polleras").
Iré a cenar y luego a dormir, mientras esta cuidad, seguramente, se queda despierta hasta el cambio de turno con los que salen temprano a laburar.

diciembre 13, 2006

Observación

Salgo sin mucho tiempo pero contenta. Aparte del conserje, que siempre sonríe, el resto de los rostros se me aparecen de uno en uno medio enojados. El conductor del bus, no siempre contesta mi "buenos días" y sobre la micro sólo veo caras agradadas si hablan por teléfono o van conversando con alguien más (lo cual no es habitual a las 8 de la mañana).
Todos parecen reclamar por la hora, por la rutina, o no sé ¿será que no toman desayuno?
Con buena razón dicen que los chilenos somos apagados, grises como nuestro smog capitalino.
El día que me impresioné fue aquel en que, al entrar en el ascensor y pronunciar mi sagrado "buenos días" nadie me contestó. Ahí me dí cuenta de que algo sucede. No soy físicamente intimidante (más bien parezco físicamente enclenque), no hablo muy despacio, no estaba rodeada de extranjeros, y mi figura se veía perfectamente por el espejo al frente de mí (es decir, era materialmente real). Simplemente, las personas reaccionan defensivas ante las palabras, por más educadas que sean, de un extraño.
Pobre gente. No sólo sin risa, también asustada. Ensimismada a causa de una extraña timidez.
Me dio gusto que el rubio de traje sastre que pasó en bicicleta ayer por mi lado, hoy me hubiera mirado a los ojos, fue bueno saber que aún existo y que no es por invisible que la gente no me saluda. Tal vez lo hacía como aviso para no atropellarme, pero creería que fue porque coincidió la mirada y no había razón para esconderla.
Antes por lo menos tenía al guardia de la plaza, a quién saludé desde el primer día y luego, resignado, comenzó a recibirme con su cordial "¿cómo le va mi reina?". Ahora mi camino es otro y no lo veo a él, ni a la chica extranjera de expresión feliz, que pasa con su café todas las mañanas. Tampoco al joven oriental, de anteojos, que también parecía estar alegre con su destino.
Por las tardes, el viaje de regreso es sombrío en las caras pero soleado y caluroso en el ambiente (sólo porque estamos bordeando el verano). Los cuerpos vienen cansados por la jornada y las sonrisas no sobran, pero se encuentran un poco más fácil. Las madres pasean a sus niños pequeños, concientes de la generosidad de este clima precioso. Los señores de edad caminan reposadamente a comprar el pan. Eso es mucho más de lo que logro ver por las mañanas.

diciembre 05, 2006

6 de la mañana

Hoy me ha parecido que he perdido muchas horas de mi vida. La razón, es que nunca antes me levanté, por tantos días seguidos, a las seis de la mañana.
Siempre supe que levantarse temprano era exquisito, pero nunca pude hacerlo. Más bien, nunca me decidí a hacerlo. En mi época de colegio, dormía hasta el último minuto posible considerando todos los segundos que tardaba entre salir de la cama y llegar al colegio corriendo (ya tarde, porque mi calculo apuntaba a la última instancia para entrar). No tomaba desayuno, llegaba con sueño (pero sin frío luego de la larga y apurada caminata previa al último tramo en el que corría para pasar por la puerta que siempre se estaba cerrando) y las primeras horas de clases eran odiosamente somnolientas.
El resto de mi vida, ha sido de levantarme temprano y apurada, evolucionando desde mi época escolar sólo en detalles como considerar un tiempo más holgado para movilizarme, y tomar desayuno la mayoría de los días.
En mi paso por Valdivia, recuerdo haberme levantado a las 7 de la mañana con el sol radiante de los días despejados.
Pero seguía sin ser las seis.
En mi nuevo hogar, el día se termina temprano (al menos eso intento), pero invariablemente, el despertador suena a las 6:00. Y sin excepción, me levanto feliz. No sé si tenga que ver con el momento del día, pero creo que despertar al mismo tiempo que la mañana, pasar lentamente de la noche al amanecer, ayuda a terminar en calma las horas de sueño.
A esa hora, por cálido que venga el día, el aire en el balcón tiene una frescura que invita a despertar, a ponerse contento. Allí tiene perfecta lógica la bebida caliente que tomamos por la mañana, y que nos entibia las manos.
No sólo la luz entra por mi ventana angular, también la imponente cordillera de Los Andes, como un espectáculo de grandeza y verdor (en esta época). Y no sólo eso, también entran las tres marías de noche y la luna queda casi a los pies de mi cama. Pero la noche es tema para otro día.
Cómo no voy a tener la certeza de haberme perdido muchos momentos buenos por no haber amanecido más temprano. La noche es bella, pero el inicio del día me ha cautivado aún más. El tiempo -de levantarme sin prisa, preparar un desayuno que recompense las horas sin comer, disfrutar la casa y regalonear a mi gata- que siempre estuvo ahí y yo no lo aproveché.
Claro, los domingo, son para levantarse sin despertador, pero igual abro un ojo a las seis para mirar el cielo claroscuro que se cuela; es una especie de acuerdo que tengo con esa preciosa ventana.

diciembre 04, 2006

Un día cualquiera, hace dos años

Trabajaba como cualquier otro día, en las oficinas de la universidad a las que nadie llegaba por su ubicación al final del campus.
Extrañamente, sin los avisos correspondientes ni la programación debida, el rector apareció por la puerta principal, acompañado de otra persona y conversando en Inglés.
Si bien sabía que por mi ubicación era la única que podía ver lo que estaba pasando, no tuve tiempo de avisarle a nadie antes de saltar como un resorte para saludar a tan importante personalidad de la universidad.
Sorprendida por la humildad del momento, tan distinta a la de otras veces, me sentí sobrepasada cuando sin aviso previo, el mismísimo rector me presenta a su acompañante: "le presento al Príncipe de Lichtenstein".
¿Príncipe?
En ese momento mi mente recorrió la cenicienta de pé a pá tratando de encontrar el modo correcto de saludar a un "príncipe", pero ningún tipo de reverencia se me reveló como lo adecuado para aquella circunstancia. En un segundo pensé en la ropa que vestía, el peinado poco prolijo, la cara de boba, y el vacío en mi mente del que no podía rescatar una buena frase en inglés para saludar a un ser humano con tamaño título de nobleza.
Lejos de lo visto en mi época de niña, este príncipe no era rubio de pelo lacio y largo, y no lucía ropa con detalles dorados. Su piel denotaba varios años de edad, su cabellos era blancos y su cuerpo esbelto estaba vestido con traje de riguroso azul oscuro.
Mi "nice to meet you" tan perfecto en toda presentación de carácter bilingüe, se notó tan carente de solemnidad a medida que lo pronunciaba.
Su ojos azules, clarísimos y cordiales, me miraron mientras me tendía la mano. Nuevamente, mi ignorancia no sabía si podía mirarlo a los ojos, o eso sería descortés. Pero en fin, estábamos en Chile donde jamás hemos tenido un rey (en la historia conocida por lo menos), yo jamás había soñado conocer a un príncipe, y nisiquiera sabía que existía Lichtestein antes de esos cinco minutos, así que lo menos que podía hacer, era mirar bien a aquel hombre con quien, seguro, no volvería a toparme otra vez en la vida, y llevarme la anécdota para contarla de cuando en cuando. No sólo eso, también para tenerla como vivencia para esos días que nos parecen monótonos y recordar que, sin previo aviso, puede que sea un día realmente especial.

noviembre 22, 2006

Increíble

Mis personas cercanas saben que yo soy de las que escribe mails, persigue a sus viejos amigos por internet, lee artículos que luego comparte y mantiene (con ciertas lagunas) su blog. Pero no creo que sepan que algún par de veces he escrito a gente desconocida para decirle que me gusta su trabajo(fotógrafos, recuerdo), que si bien no suelen responder, se merecen con creces unas palabras.
Bien, lo cierto es que de eso, hace bastante tiempo.
Hasta ayer, que le escribí a un cocinero venezolano llamado Sumito Estévez de quien he visto su destreza por televisión y leído sus conocimientos en artículos diversos. Si bien uno se esmera en 1. sonar simpática, 2. no expresarse muy a la chilena y 3. no extenderse hasta el aburrimiento, es claro que existe una alta probabilidad de que nadie responda y nunca se sepa si el correo famoso llegó a destino. Sin embargo, mi ego humilde se alegra de tan sólo escribir (como en este blog).
Lo increíble de esta historia, es que hoy encontré en mi casilla una respuesta del mismísimo Sumito, quien dentro de sus ocupadas horas, no sólo leyó mi mail (que por cierto no respetó el punto "3" antes descrito) sino que lo agradeció. Como no estaba preparado para tal halago... mi ego liliputense no sabía qué hacer y me miraba extrañado como diciendo ¿qué hacemos ahora? Y aquí estoy, compartiendo la sorpresa y la alegría de toparme con una persona tan considerada o digamos tan... "chévere".
Mientras le escribía a Sumito, iba notando que soy una pésima comensal... y casi con vergüenza le comentaba mi disgusto hacia ciertos sabores y mi poca tolerancia al alcohol. Supongo que para alguien que fabrica chocolates de tocino con ciruela, saber que habemos personas que de plano no soportamos la combinación agridulce debe rayar en la desgracia, pero él hizo caso omiso.
En fin, termino diciendo que este tipo de anécdotas me alegran el alma... porque durante los días de ánimo nublado nada mejor que una buena receta de puré con "tropenzoncitos" y un correo electrónico de bajativo.


(Imagen tomada de http://www.saladeespera.com.ve/wordpress/wp-content/uploads/2006/06/afl_Sumito_1.jpg)

noviembre 21, 2006

Reinventándome

Hace más de dos meses y medio publiqué por última vez. Poco o mucho, dependiendo de la perspectiva, este tiempo ha volcado mi vida patas arriba, no en un sentido negativo, pero sí en un sentido absoluto de cambio.
Ha paralizado algunas aficiones y ha rescatado otras. El tiempo parece ser más poderoso que cualquier otro elemento de la vida. El tiempo cambia, olvida, obliga, permite. A ratos le temo, porque sé que viene denuevo con los efectos de su paso, modificando todo lo que me parecía establecido. Pero a mis años, lo miro de tú a tú, ya no asusta como asustaba antes o como asusta a otros. El tiempo pasa, la vida -vulnerable- cambia a su antojo, y yo, casi como espectadora, espero sonriente mi rol en el nuevo guión.
Buscando el arraigo, tuve que optar por desarraigarme. Tomar mis pocas pertenencias y doblar la esquina, pero mirando atrás, porque todo lo que hacemos de buena fe, es posible volver a mirarlo. La búsqueda de un hogar, me ha llevado a encontrarlo en la familia unipersonal (y unifelina) que hoy componemos mi gata y yo. La certeza de que el hogar es más que el lugar y quiénes lo componen, es una realidad para mi.
El proceso tomó semanas de angustia, miedo, lágrimas. La partida, una pena cíclica de reencontrarse con la soledad. Pero hoy, hoy amanecí agradeciendo todo lo que ha sido mi vida. Amanecí antes que el amanecer, con un cielo oscuro de tonos grises, que daba paso al celeste pálido que precede al sol apareciendo tras Los Andes.
No sé qué sería de mí si no pudiera reinventar mi vida cada vez que algo cambia, pero no quiero averiguarlo. No quiero saber lo que es no disfrutar de una canción con guitarra en una plaza concurrida, una receta de puré con "tropenzoncitos", una marraqueta de panadería, una gata que semi dormida sale a saludar, una llamada de una amiga, un correo de un amigo, un amor de juventud sin nostalgia, un pastel de tres leches, unas habas sin piel, una mamá con idas geniales, despertar con el sol en la cara.
No quiero saber. Sólo me esmero en seguir viviendo, y observar los detalles de los momentos en que me siento llena de la felicidad de saber que soy más que los problemas, más que las penas, más que la indiferencia, más que las cosas y más que mis sueños. Pero menos que todas las posibilidades y regalos que de tanto en tanto me depara la vida.
(Dedicado a Juan Pablo, que ya me hizo resucitar mi blog una vez)

agosto 31, 2006

Biografía (no autorizada) de Cassandra

Mi gatita Cassandra ha mandado correos y escrito historias desde que llegó. Ahora es mi turno de hablar de ella.
El 14 de Junio del año 2005, me enfrasqué en la tarea de ayudar a la jefa de una amiga, a encontrar hogar para una bella gatita llamada Clementina, a través de mails y contacto con mis conocidos. A las 9 de la noche, del mismo día, mi amiga se subía a mi auto con un bultito rubio, sucio y asustadizo que de algún modo ya era mi propia gatita, y a quien, desde el día siguiente, llamaríamos Cassandra. Su nombre -que algunos asociaban al personaje de una telenovela y yo a la canción de Sui Generis- fue catalogado por mis amigas como de bailarina de cabaret.
Cassandra fue encontrada en la intersección de dos avenidas, cruzando la calle y luego corriendo para refugiarse al interior del motor de un auto estacionado. Tal vez por eso ella ha sido siempre una gatita que se asusta con los ruídos y con la gente. Diminuta como era, trepaba hasta mis hombros pareciendo que en cualquier momento se metería en mi oreja. Durmió en la cocina desde el primer día de manera obediente, aunque despertaba a las 6 de la mañana con maullidos exagerados, y algunas, cuando su relojito biológico se descomponía, a las 3 o 4 de la madrugada.
Siempre se subió a mis piernas cuando estaba frente al pc, tal vez de ahí su gusto por la escritura, y llegó corriendo cada vez que escuchaba funcionar la impresora (aficiones que mantiene hasta hoy).
Le compré ratones y pelotas de todos los tipos, sin embargo, uno de sus juguetes preferidos es el alambrito con que sellan las bolsas del pan. Un día, descubrí los ratoncitos portátiles de piel y le traje el primero, que fue desde entonces su juguete más querido. Cuando le compré de los mismos pero cubiertos en cordel de colores, claramente los ignoró. Tenían que ser de piel.
Durante su primer baño, la pobre gatita mojada tiritaba y se mantenía tiesa. Enojada. Una vez que la saqué del agua, sólo quería escapar, pero no pudo. Fue imposible usar el secador, y tuve que tirarme de espaldas con ella en el pecho, para secarla con la estufa. Una vez seca, se veía igual que antes, la cola seguía un poco gris y su pelo pegado al cuerpo. No era verdad el mito de la pantera rosa después del baño.
Su pubertad felina la hizo parecer un hurón. Larga y flaca parecía una serpentina pasando por pequeños lugares.
Mañas tiene pocas. No toma agua de la llave, no rasguña los muebles.
Tampoco dormía en mi cama, pero cuando me cambié de casa, sus maullidos antes contenidos tras varias puertas, fueron escuchados por todo el vecindario y tuve que permitirle andar suelta por la casa o jamás volvería a dormir. Ese fue el inicio de la libre vida que lleva hasta ahora. Claramente, de todos los lugares de su nuevo hogar, dos fueron los predilectos: su autocolonizada cama en el piso tres del closet y mi cama. Las primeras veces que llegó a media noche, fue llevada rápidamente fuera de la habitación. Pero como seres pacientes y brillantes que son los gatos, hoy por hoy, ella duerme en mis pies, siendo yo la domesticada y no ella.
Mi bella gata habla. No como las personas, pero casi. Llama cuando llega por si hay alguien; si uno la llama porque no la ve, contesta; si uno le ordena salir de un sitio, reclama .Ya sé ¿no me creen? lamento por ustedes no poder poner audio a esta historia.
Ella me ama. Bruta y todo como es conmigo, o como fuera mientras vivía en departamento, tiempo en que yo estaba llena de rasguños, demuestra su cariño de manera tan leal que da gusto. Me recibe en casa, me acompaña a primera hora de la mañana y se acomoda a empujones cerca de mis piernas cuando llega la noche.
Es hermosa. Lo fue de pequeña, pero por meses se veía un poco color gris mugre. Luego, de puber, fue larga y angosta (como un Chile en cuatro patas), y hoy, gatita adulta de un año y meses, su pelo es largo, vaporoso y luce limpia la mayor parte del tiempo (excepto, claro, cuando entra a la casa proveniente de una excursión por los techos aledaños).
Hoy, sobreviviente de su peor tragedia, la llegada de dos perras, sigue siendo y sabiéndose la reina, y separadas por un vidrio, se ufana ante las perritas que miran cómo se estira remolona por el suelo.
En fin, seguro que ella reclaramá sobre esta biografía, que dejé de decir otras cosas buenas y exageré las malas... pero qué más da... ya está publicada.

julio 12, 2006

Prisca y Frida: llegada a casa


Ayer tenía que ir a buscar a las cachorritas, pero la dueña del criadero se ofreció a traerlas en la mañana porque tenía que venir al mismo sector que en vivimos. Me levanté temprano, dejé todo limpio y ordenado y las esperé regaloneando con Cassandra. Eran las 10, las 12, y la mañana se fue sin que las chicocas llegaran. Pasadas las 2 de la tarde supe que llegarían después de las 5 a causa de la fuerte lluvia que hubo ayer e inundó la salida del fundo donde vivían.
Pasé la tarde con dolor de estómago de los nervios y con mi gata lo más cerca posible aprovechando de nuestros últimos minutos solas.
Del día en que fuimos a buscar a Frida, y en ofertón también encontramos a Prisca, sólo tenía el recuerdo de haberlas visto y una foto que revisé bastante para estar segura de que eran ellas las que venían. Entre tantos perritos, no era imposible que hubiera una confusión.
Llegó la camioneta y ellas en una caja sobre el asiento trasero. Saqué la jaula y las miré. Eran ellas. Una vez adentro y mientras ayudaba a bajar otras cosas, las pequeñas comenzaron a raspar el papel que había en la jaula con sus uñas. Esa fue la última vez que ví a mi gata: corriendo despavorida en dirección a la cocina.
Salieron de la caja después de un rato de estar con su puerta abierta, cada una disparada hacia lados contrarios. Las diminutas canes me hicieron pensar si había sido buena idea taerlas a las dos si iban a andar así de dispersas. Pero fue el único momento en que lo pensé.
La lluvia aumentaba y Cassandra no aparecía. Segura de que había arrancado hacia el patio, temí que estuviese muy asustada con la tormeta que estaba comenzando, y a pesar de estar conociendo a mis pequeñas, estaba muy intranquila por ella.
La cena fue rápida. Cada una en su plato con mi mano separando el paso hacia el de la otra, y cada una comió todo lo que pudo. Olvidé que tenía que ser remojado, pero en fin, sobrevivieron. En los próximos 15 minutos tenía que hacer el ritual del baño. Lo logré con una. Pero Frida no tenía ganas en el mismo momento. Atenta al lado de ellas pasé dos mini siestas antes de que, haciendo un intento por llegar al lugar preciso, Frida hizo sus necesidades en el comedor.
Esto de ser madre primeriza de perritas es lindo, aunque nunca había trapeado el piso tan seguido como desde ayer. Obviando ese detalle, mi alergia insipiente y la manta de Cassandra sucia con pipí, estas muchachitas son perfectas, y sé que pronto -más vale- aprenderán a hacer sólo donde se debe.
Frida es la más grande. Tiene manchados de negro, las dos orejas y casi toda la nariz. Parece dos perritos en uno, dependiendo del lado por el que se la mire. Es tranquila, se sienta, para las orejitas, y regaña a la hermana cuando está muy inquieta poniéndole una pata encima. Es juguetona y de mirada tierna. Friolenta y un poco ruidosa al dormir. Pone mucha atención, pero aún no la veo mover el pequeño rabito que tiene.
Prisca es pelusona. Cuando Frida se sienta, ella está parada en dos patas sobre su lomo. Es muy pequeña, tiene casi toda la cabeza pintada de negro con detalles marrón, con los bigotes de un lado negros y del otro, blancos. Ella entiende más el asunto de ir al baño, pero menos, el de quedarse tranquila. Muerde todo, desde juguetes hasta manos, y es un poco hiperactiva. Es más confiada que Frida porque mueve la cola y también hace un ruidito cuando se duerme profundamente.
Las dos mellizas son muy distintas, pero inseparables. Tienen sus cabezas marcadas de pequeños mordiscos propinados entre sí y por su hermano, que por cierto se mudó a otro canil cuando ellas se vinieron. Se duermen haciendo entre las dos un ovillo abrigador.
Su primera noche en casa fue de extrema tormenta, sin embargo no lloraron ni un poquito en la habitación con baño privado que les tocó.
Si bien traté de acomodarlas a las dos sobre mi falda para que me acompañaran a escribir, parece que tres son multitud cuando no se pueden ocupar los brazos para hacer baranda, así que las acomodé en su cama -prestada, porque es el canasto de Cassandra, pobre- están durmiendo al lado de mis pies. Las pequeñas no escriben, son unas nenitas para todo y además, nadie se sienta frente al computador en esta casa antes de aprender a ir al baño. Cassandra aprendió el primer día, por eso desde el segundo reveló su pata literaria. Seguramente, ella contará desde su mirada esta experiencia.
Por cierto, horas más tarde, encontré a la gata en su "litera" (closet). Había estado todo el tiempo dentro de la casa.

julio 09, 2006

México en palabras IV


Nunca había estado en un lugar con tanto calor. Nuevo Vallarta está cerca de Puerto Vallarta, pero además del nombre, no están relacionados por nada. Incluso el estado cambia entre una localidad y la otra.
La experiencia en Nuevo Vallarta para mí fue del todo nueva. Nunca estuve antes en un "todo incluido", ni en un lugar en que hiciera tanto calor. En los momentos que pasaba en la habitación extrañaba un poco el DF. La vida tropical y de guatita al sol no son lo mío. Me achicharro si no estoy bajo la sombra, me enfermo del estómago si como mucho (todo incluido es sinónimo de "coma lo que quiera, cuando quiera") y a eso de las tres de la tarde empezaba a sentir que de un momento a otro me iba a desmayar a causa de la creciente temperatura. Pero la cara de mis tres acompañantes que sí estaban disfrutando de todo el ambiente playero, me subía el ánimo con creces. Imagínense dos adolescentes con permiso para comer durante el día entero y sabrán a lo que me refiero. Sin contar los paseos en kayak, los partidos de tennis, el gol que metió el mayor en la única pichanga que jugaron, y sus trenzas en el pelo el último día. Todo para ellos fue genial. Víctor, por otro lado, disfrutaba de no caminar, y se veía en la piscina, bajo un toldo o en el bar tomando algo, cada vez que lo buscaba. Yo, literalmente, pensaba en la inmortalidad del cangrejo, el misterio de la aceituna hueca y la esquina de la mesa redonda, pasando de pensar en nada a casi nada, durante horas. Fue una marathon de relajación y desconexión todo el tiempo que pasábamos en el hotel.
Hicimos un city tour por Puerto Vallarta y probamos tequila artesanal y otros licores, justo antes del almuerzo en el restaurant del papayago bilingüe (decía "hola" y "hello"). La cuidad es muy linda, y como ya deducen, tiene una bellísima iglesia. Pero también una vista preciosa del mar, muchos artesanos, y lo mejor, montones de iguanas. El guía, nuevamente excelente, nos contó la otra historia de Juan Diego, el indígena que avistó a la Vírgen en el Tepeyac. Su versión es que aquel indio, era de jerarquía y bastante instruído, y a quien realmente él vió fue a una diosa, siendo los españoles quienes adaptaron su nombre a Guadalupe y aseguraron que se trataba de la Vírgen María.
Ese día fue el que, según creo, la libretita de notas se extravió. A pesar de eso, el recorrido fue lindo y lleno de historia. De regreso en el hotel, una rica piñada sería lo mejor.

México en palabras III

Dos días de caminar sin descanso no fueron suficientes para hacer decaer nuestras energías. Al menos las mías, y yo era quien guiaba los pasos de la familia por las calles del DF y sus alrededores.
Muy temprano ya estábamos subidos en el metro camino a Coyoacán. Allí nos esperaba la Casa Azul, aquella en que Frida Kalho vivió con sus padres y su esposo, duranto algunos períodos de su vida. Es linda, pero es menos querible que el museo de Brady, porque no dejan sacar fotos y si pasa la punta de la nariz sobre el cordel que cerca todas los objetos, suena una alarma acusete que le quita ambiente al recorrido. Dentro de este lugar lo más asombroso no son las pinturas, porque no son las más características de Frida, sino sus propias cosas: su cama con el espejo, su silla de ruedas, sus vestidos mexicanos, sus pinches, los corsés de yeso que tuvo que usar por largo tiempo, sus pinturas, su atril, algunas hojas escritas por ella, cuadros sin terminar y su certificado original de defunción. Después comprendí que para ver sus obras debía ir al museo de Dolores Olmedo. Pero sin duda, para saber de la bella Kalho, tenía que pasar por la casa Azul.
Luego de eso, un chocolate caliente y conocer la vida verdadera de la cuidad. Aquel era el día del padre. Coyoacán estaba lleno de comercio parecido a una feria libre, gente que deambulaba, otros iban a misa, otros al yoga. En su plaza, frente a la iglesia, una orquesta enorme tocando temas populares con un público que los aplaudía a rabiar. Antes de irnos de vuelta al hotel, pasamos a un mall. En eso no hay encanto, todos los que he conocido son iguales, lo único que cambia son los precios.
La tarde de aquel día fuimos a dar al mismísimo Café de Tacuba, tal como el nombre del grupo musical. El lugar, otro imperdible. Allí probé el tradicional atole, cumpliendo otro más de mis antojos mexicanos. Tanto la decoración como la buena compañía de nuestros amigos chilenos, llenaron nuestro ánimo para seguir paseando. Si bien no alcanzamos a entrar al zócalo, llegamos con varios meses de atraso a un mirador que ya no era mirador y nos empapamos caminando cuadras bajo una lluvia torrencial, aquel día terminó perfecto, comiendo hamburguesas a la leña en el carrito recién instalado a las afueras del hotel.
Un buena ducha de agua caliente y el merecido descanso serían suficientes para comenzar otra vez.
Al otro día, lunes, nuestro paseo nos llevó a un par de agencias y luego a una bonita feria de artesanías locales. El resto del día fue esperar al taxi que nos llevaría al hotel, y luego, nuestro viaje al sur (ver mi nota sobre el vuelo entre C. de Mexico y Puerto Vallarta).

julio 07, 2006

Mexico en palabras II


A veces toma tiempo reseñar un paseo. Lo importante es hacerlo antes de que los recuerdos se vayan, sobre todo cuando el "ayuda memoria" se perdió.
La ruta de Mexico a Cuernavaca está bordeada por paisajes preciosos. El cielo de aquel sábado era azulísimo cubierto de nubes blancas y redondas, y el sol hacía brillar los colores de manera especial. Casi al llegar a la cuidad, los arbustos de ficus recortados con formas de cosas y animales, avisaban su cercanía.
Cuernavaca, cuyo nombre original era Cuaunahuac, es una cuidad con un bella catedral, por supuesto. Sus calles son más bien angostas y sus casas, coloridas y llenas de detalles como bellos faroles o direcciones pintadas sobre cerámica por algún artesado.
La preciosa iglesia fue la primera parada, y en día sábado, nos topamos con un grupo de niños que rendían exámenes de preparación para su primera comunión.
Caminamos desde ese lugar, a la preciosa casa museo de Robert Brady, un estadounidense que fue cautivado a tal punto por Cuernavaca, que se radicó allí. Antes de fallecer, en 1986, dispuso que su casa y sus 1.400 piezas de colección, a falta de herederos, se convirtieran en un museo. Y tal cual él las distribuyó, siguen estando cada una de sus pertenencias en la bella -y por cierto restaurada- Casa de la Torre, antiguo observatorio metereológico del seminario franciscano. El lugar es fascinante, indescriptible por muchas palabras que usara para hacerlo. La casa, su decoración, los colores, los objetos -incluído un autorretrato original de Frida Kalho al que casi toqué con mis pestañas de tanto que me acerqué- , el jardín, y hasta la tumba del mismo Brady al lado de la de sus dos perros, son un todo entre precioso y divertido. La fuerza de los colores, de los objetos valiosos, antiguos, de las propias pinturas de Brady hacen que el paso por ese museo sea una especie de iluminación en cuanto a lo mucho que nos restringimos en nuestras propias casas tratando de combinar, y lo poco que nos dejamos llevar por la simple unión de cosas hermosas, sean éstas de colores o tendencias similares o no. Un paseo obligado si mis pies tocaran denuevo esa cuidad.
A mediodía, el camino nos lleva a Taxco. La famosa Taxco, la cuidad de las joyas de plata. Al menos eso creía antes de llegar. Pero no, está lejos de ser la cuidad de la plata. Nada puede caracterizarla mejor que su iglesia y su belleza. Nunca ví una iglesia tan preciosa protegiendo desde el cerro una cuidad tan hermosa. Desde el mirador del hotel en que almorzamos, no me cansaba de mirar la escena; sus calles estrechas, sus casas blancas, sus terrazas coloridas, la vida cotidiana reflejada en la ropa tendida, en la "burras" llenas de gente. Mi almuerzo, tacos, cargó energías para seguir con la tarea de recorrer decenas de tiendas con los más diversos diseños y calidades de utensilios de plata. Ví las joyas e implementos más lindos y más caros en las bellas tiendas que reunían a diseñadores famosos. Mezcla del metal con madera, piedra, caucho, las creaciones son fantásticas. El jarrón de plata martillada con mango de iguana en jade, fue mi preferido. Si bien no traje ni una joya, aún recuerdo la rana-prendedor con su pata estirada que tan bien se habría visto en mi solapa.
Tras un viaje en burra (furgones volkswagen antiguos y sin puertas) llegamos a la plaza de la cuidad. En ella se encuentra la bella iglesia de Santa Prisca y San Sebastián que tanto rato estuve observando desde el balcón. Dicha edificación fue mandada a construir por don José de la Borda para que su hijo sacerdote tuviera su propia iglesia para celebrar misa, evitando que se fuera de su lado. Esta iglesia, imponente y bellísima, fue construída en tan sólo 10 años. En ella no hay un solo clavo, y por dentro luce un estilo barroco, con hermosos retablos todos cubiertos con placas de oro. Además, durante los mismos 10 años, un solo y maravilloso artista, Miguel Cabrera, realizó 54 pinturas que adornan muchos de sus muros, de una calidad sólo comparable a las de Miguel Ángel, y dentro de las cuales hay dos en que la Vírgen María aparece hermosamente embarazada.
Al salir de una de las capillas, me topé con la perrita Chihuahua más pequeña que he visto y no pude evitar pedirle a su dueño que me dejara fotografiarla.
Las calles aledañas a la iglesia son tan angostas que a veces es necesario que pasen los transeaúntes para que los vehículos puedan doblar.
Taxco es un sueño, un verdadero lugar para admirarse. La cuidad entera es magia, vida y caudales de historia por todas las esquinas.