enero 13, 2007

13 de Enero

Según algunos, los primeros días del año reflejan sus doce meses.
En ese caso, mi año debería venir buenísimo!
Los primeros doce días del año (en realidad trece, porque hoy ha estado de maravilla) han traído muchas experiencias gratas, conversaciones de las más honestas que recuerdo, y un estado de total tranquilidad para mí.
Como si fuera un cristal de cuarzo, dejé pasar de largo todas las angustias, y reconocí la buena cantidad de sensaciones gratas que se paseaban cercanas.
Un día bueno, no es aquel en que no tengo problemas, es aquel en que puedo enfrentarlos. No es aquel en que no siento miedo, es aquel en que puedo expresarlo. No es aquel en que estoy con gente, es aquel en que me acompaña el cariño de las personas.
Un día bueno es un día como el de hoy, en el que percibo lo muy bueno que hay en mi vida.
Un día malo, es entonces, aquel en que a pesar de recibir sonrisas, no recibo un cariño honesto. Aquel en que no tengo inspiración para escribir a causa de mi expresión reprimida. Es un día en que teniendo los mismos ojos, no soy capaz de ver la belleza, o teniendo tantos pensamientos, no soy capaz de mirar.
Hoy es un día precioso. He estado sola, pero mis amigos están con sus familias, mi madre con sus hermanas, mi gata con su cajita de arena limpia y yo, a punto de ir a tomar un rico helado. Nada puede ser mejor.

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