FELIZ DÍA para todos quienes estén enamorados o recuerdan a esos amores que la vida o la muerte se han llevado. Feliz día para los que celebran esperando un hijo; para los que van en su Día de los Enamorados de plata, de oro, de diamante!! ; para los que celebran junto a su pareja por primera vez. Feliz día para aquellos que han estado enamorados toda la vida de alguien a quien nunca más han visto y para los que creen que nadie los ama, pero tienen un enamorado del que no saben.
La historia, cierta o no, cuenta que en Roma del siglo III, el obispo Valentín decidió casar a parejas de enamorados que no podían contraer dicho vínculo, haciendo caso omiso del edicto en que Claudio II -quien consideraba que los soldados casados rendían menos en el frente- prohibía el matrimonio entre romanos. Cuando Valentín fue apresado para esperar su condena a muerte por desafiar al emperador, tuvo una aprendiz llamada Julia a quien, justo antes de acudir a su ejecución, le entregó una carta con sus últimas palabras.
La otra historia, sobre las Lupercales, en la que se piensa se originó esta celebración, es todo menos romántica así que, créanme, hay que quedarse con la anterior. Y sobre Valentín hay muchas versiones, otra de ellas igualmente bonita, que dice que dejó en la ventana de la casa de tres jóvenes pobres, las joyas suficientes para darlas como dote y poder casarse, pero pareciera que la primera tiene más relación con lo que hoy conocemos como "día de los enamorados".
La cuidad está llena de flores en ataditos, ramos y arreglos. Incluso hice mi pequeño aporte al redireccionar a un repartidor que estaba perdido con dos ramos de rosas rojas que, seguramente de grandes, no le dejaron ver el cartel con el nombre de la calle, y por eso se pasó.
Me gusta este día porque las parejas se ven felices, de la mano, y se besan más que de costumbre. La cena se prepara con más entusiasmo o por fin se sale a comer fuera de casa.
Las excusas para estas veinticuatro horas al año son válidas porque no todos saben que cada día se puede pintar de colores románticos.
Como dato, mañana liquidan las flores y tooodooos los objetos con corazones.
La historia, cierta o no, cuenta que en Roma del siglo III, el obispo Valentín decidió casar a parejas de enamorados que no podían contraer dicho vínculo, haciendo caso omiso del edicto en que Claudio II -quien consideraba que los soldados casados rendían menos en el frente- prohibía el matrimonio entre romanos. Cuando Valentín fue apresado para esperar su condena a muerte por desafiar al emperador, tuvo una aprendiz llamada Julia a quien, justo antes de acudir a su ejecución, le entregó una carta con sus últimas palabras.
La otra historia, sobre las Lupercales, en la que se piensa se originó esta celebración, es todo menos romántica así que, créanme, hay que quedarse con la anterior. Y sobre Valentín hay muchas versiones, otra de ellas igualmente bonita, que dice que dejó en la ventana de la casa de tres jóvenes pobres, las joyas suficientes para darlas como dote y poder casarse, pero pareciera que la primera tiene más relación con lo que hoy conocemos como "día de los enamorados".
La cuidad está llena de flores en ataditos, ramos y arreglos. Incluso hice mi pequeño aporte al redireccionar a un repartidor que estaba perdido con dos ramos de rosas rojas que, seguramente de grandes, no le dejaron ver el cartel con el nombre de la calle, y por eso se pasó.
Me gusta este día porque las parejas se ven felices, de la mano, y se besan más que de costumbre. La cena se prepara con más entusiasmo o por fin se sale a comer fuera de casa.
Las excusas para estas veinticuatro horas al año son válidas porque no todos saben que cada día se puede pintar de colores románticos.
Como dato, mañana liquidan las flores y tooodooos los objetos con corazones.