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julio 30, 2008

Cassandra: Cinturón negro tercer Dan

Sí, hace tiempo que no escribo. Es que nos cambiamos de casa con la mami a una que nos queda mucho más cómoda, en el primer piso del edificio de siempre (ese en el que me caí del piso 8vo al 7mo).

Pero no fue eso lo que me hizo dejar la escritura, sino mi nueva afición: las artes marciales.

Estar a ras de suelo y tener una ventana en la loggia me permitió a salir sin restricción de horario desde que llegué al nuevo hogar. Después de pelarme el costado derecho y que la mami solucionara el problema de que mi panza dejara todos sus pelos en el canto del vidrio, retomé mis rondas de reconocimiento del sector. El estacionamiento, la pandereta, el territorio vecino. Ya las siguientes, comencé a reconocer caras: el Huguito (bull dog), mi doble (el gato con el que la mami me confundió dos veces hasta que notó que no tiene las patas blancas), el gato grande al que salgo a echar y él, el gato negriblanco que un día me persiguió hasta la ventana.

Ya había oído decir a las amigas de la mami que los machos son cargantes y ponen cara de buenos aunque tengan odiosas intenciones, pero no lo había vivido hasta que ese degenerado me empezó a ir a esperar. La mami encontró que era la maravilla que me hiciera amiguitos, pero yo le hacía sonidos estereofónicos y se enteró de que no lo soportaba mucho.

Hasta que un día, estando yo en el living... lo ví. De lejos. Hice un sonido tan fuerte que la mami corrió a ver si había un ladrón o un gato dentro de la casa, pero cuando se dio cuenta de mis intenciones homicidas ya era tarde. Yo salí con mi Qi a cuestas por la loggia y me tiré en picada contra el enemigo. La mami miraba boquiabierta a su dulce gatita regalona darse vueltas en el aire mientras moños de pelo suelto se esparcían por el lugar. El maldito escapó en un momento pero mis pasos fueron más rápidos, lo alcancé y como una bola de lana esquizofrénica, seguí enterrándole mis uñas, a las que a propósito había dejado sin manicure.

Por un tiempo seguí apareciendo con cicatrices y un día llegué desnuda (ops) sin collar ni chapita con el nombre, pero parece que entendió el mensaje el felino ese y hace días ya no me encuentro con él.

Ahora que ya ví "Kung Fu Panda" la próxima le aplico una llave dactilar.

marzo 21, 2007

Cassandra: Adicción

Mi nombre es Cassandra y soy cariñoadicta.

Bien, habiendo asumido el problema -primera indicación de la ACA (Asociación de Cariñonómanos Anónimos)- paso a contarles.

Por alguna razón, desde hace algún tiempo, siento una necesidad vital de cariño por las noches. Todo comenzó una calurosa noche de verano en que, de madrugada, cuando el sueño de los humanos está en su fase profunda, alenté a la mami a hacerme cariño con un golpe de mi cabeza sobre su mano. Ella, adormilada, me tocó la cabeza y acarició mi lomito, mientras yo me paseaba encima suyo. De eso hace ya un par de meses, con el consecuente agravamiento del problema. Porque ahora no sólo la despierto una vez. Hace dos noches, tuve DOS arranques de ternura, y ya no me puedo controlar, porque antes cuando la mami se quedaba dormida en medio de la sesión de "cariños de trasnoche" yo me resignaba. Ahora me es imposible, tanto que le mordí el pelo, no encontrando nada más que morder porque ella se había tapado completa tratando de escapar de mí!!
Lo peor es que se hace cada vez más frecuente mi necesidad desde el día en que me tiré balcón abajo al departamento de la vecina. Seguramente la ansiedad provocada por el encierro obligado o la llegada del otoño.

Actualmente, estoy en tratamiento. Me hacen jugar mucho rato de manera que no despierte en la noche y me dan atención hostigante con exceso de cariño para que luego no lo necesite. Anoche funcionó. Lo malo, es que ahora me estoy volviendo juguetonadicta, y no sé cómo vamos a salir de eso.

marzo 14, 2007

Le quedan 4 (hasta donde se sabe...)

Mi gata tenía menos de dos meses cuando se salvó de morir atropellada en una de las esquinas con más flujo de autos en Santiago. Al día siguiente, se salvó de que el dueño del auto en que se refugió, prendiera el motor y la matara (del golpe o del susto). Esas son las vidas que ya había gastado, de las siete que traen los gatos, antes de que llegara a mi.
Ya juntas, digamos que sus dos malos ratos -una caída al patio vecino y un día entero perdida en algún lugar desde el cual maulló a todo pulmón pero logró safarse sola- no eran para descontar vidas. Pero riesgos tuvo.

Ayer sentí un ruido en mi balcón, a las 7 de la mañana. Da lo mismo el oído, es el corazón el que avisa. Mi gata no estaba y yo no era capaz de mirar desde la altura de ocho pisos a la que está mi departamento. Nadie vio nada, nadie llamó durante el día para avisar la mala noticia, y luego de un eterno día de trabajo, pudimos buscarla por fin con el generoso amigo que se prestó para consultar en caso de que hubieran malas noticias que recibir.

NADA. Eran las 8 de la tarde, y nada. Mi gata desaparecía sin dejar rastro.
"Si estuviera viva y escucha que la llamo, maullaría" le dije certera a mi amigo. Y para probar por última vez la teoría, grité por el balcón "¡Cassandra!"

"¡MIAU!"

Mmmm??? grité denuevo y miré a mi amigo "¿escuchaste?"... "sí".
Estaba viva a cierta distancia aún no determinada. El candidato era el departamento de abajo. No había nadie. La buena suerte hizo que encontráramos a la dueña llegando y la mala, que al revisar su casa no encontrara nada y que ella tuviera que salir de inmediato.
Se fue la vecina, se fue mi amigo, y volví a insistir... mi gata gritaba inconfundible respondiendo todos mis llamados. Incapaz de confiar en mi oído, bajé, y desde el primer piso, mi amigo -al que hice volver para que me ayudara a verificar la ubicación- y yo, la vimos muy sentada en la barandilla del departamento en que el que yo acababa de buscar.
A las 2 de la mañana la dueña llegó. A esa hora entré, yo primero esta vez, al hogar de mi ahora conocida vecina. Dos "Cassandra" y ya la tenía en brazos.

De regreso en casa, mi gata se paseaba como si nada, como si el paseito hubiese sido cosa de todos los días. No sé si se cayó o decidió saltar al domicilio de abajo, pero cualquiera sea la razón, desde hoy el ventanal permanecerá cerrado.

Me la imaginaba con ventosas amarradas a las patas y alguien más, con paracaídas de mochila, pero creo que tendré que optar por un mecanismo más factible.
Y ella tendrá que optar por quedarse en casa o nos echaran del edificio "por molestias causadas por gata voladora cayendo en balcón de vecino".

enero 16, 2007

Cassandra: Desahogo

La mami le cuenta a quien se le cruza que de noche le muerdo los pies.
Pues bien ¡basta ya! de creer que soy la única que propicia roces intrafamiliares.
Cuando viajó, hace semana y media, me sacó con un ESCOBILLÓN desde atrás del refrigerador. Un escobillón que tenía un paño sí. Y no me pegó sino que me empujó un poquito para que yo sintiera que no había espacio y saliera. Pero igual!! violencia es violencia!
Hace dos noches, sí, le mordí la manito y lloré varias horas, pero ¿por qué? porque se acostó sin mirar mi platito y resultó que ¡estaba vacío! ¿no habrían mordido ustedes? ¿ah?
Bien, y anoche... anoche no saben. Yo me acosté tempranito igual que ella. No vimos película ni nada. Y en la mitad de la madrugada, recibo una patada. UNA PATADA, tal como lo leen. Sin mediar provocación, me pegó una "chuleta", con mi consecuente reacción de salto en el aire. Ella se despertó con el incidente (sí, estaba durmiendo, pero y qué? acaso le vamos a dar inmunidad por eso???) y vio como me abalanzaba entre asustada y enfurecida, sobre ella. Solo alcancé a morder un poquito de su pie y otro poquitito de su mano mientras me decía "fue sin querer, fue sin querer". Cuando se durmió, le fuí a morder el pie que sacó fuera de la cama para terminar de relajarme, despertarla, y así, instalarme para que me hiciera cariño y perdonarla.
Ella dice que soy una fresca y yo no encuentro. Es mi casa, y es MI mami. No veo dónde me pude haber tomado atribuciones de más. Nisiquiera cuando entro a la tina apenitas ella dejó de ducharse o cuando me encaramo a langüetear la cajita de su leche con chocolate. Habla de más. Como si yo siempre la despertara con mis maullidos de noche... nada, en una semana grito, a lo más, seis noches, eso no es "siempre". Ni le saco muchas hojitas a las plantas, sólo las necesarias para jugar. Y tampoco se me puede culpar de la manilla que le falta al cajón, porque yo me la encontré en el suelo, y "sólo" la perdí.
Estoy pensando seriamente en redactar los derechos de los gatos, o para evitar el cansancio, buscarlos en Internet.

enero 14, 2007

Cassandra: ¿Dónde está ¿Wally??

La mami dice que estas fotos están tan malas que mejor ni diga que las tomó ella. Así que no diré.

Según ella, se parecen a un juego que se llama Where's Wally? en el que buscan a un flaquito de anteojos y gorro, que viste una camiseta a rayas rojas.

Bueno, ésta es mi versión. Gana el que me encuentra.

enero 13, 2007

Cassandra: sin título

Puaj, hoy vomité mi primera bola de pelos.
El que sea sensible al tema, descuide, esa fue la peor parte.
Y por qué tenía una bola de pelos?
Bueno, fue así...
Deberán recordar mi apacible vida de gata en casa a ras de piso de buen vecindario, que a pesar de la molesta convivencia con un par de perritas, intenté mantener a través de distintos nuevos caminos para escapar y uno que otro cambio en mi rutina diaria. Pues, un día la mami comenzó a tomar todas sus cosas, y yo pensé, "bueh..." y de pronto comenzó a tomar todas "MIS" cosas... y entonces pensé "¡ops!".
De un día para el otro me ví viviendo en un tugurio de mala muerte (con todo respeto), sin patio, en altura y con un calorazo que derrite. Mi ánimo decayó de tal manera que me resistí a comer y comencé a pelechar, y la mami como haciendo raya para la suma me mira y dice "es tres" y yo no sé qué tienen que ver las matemáticas o si quizo decir que pelechaba como tres gatos en vez de una, pero el asunto es que luego de decir eso, me cambió el alimento y comenzó a comprar todo tipo de utensilios eliminadores de pelos para sobrellevar la situación, unos para mí, otros para la ropa, otro para los muebles y un pañito que con estática hace de las suyas llevándose el polvo y los pelitos esquivos.
De aquel tiempo, hace ya un par de meses, y aunque mi apetito mejoró, el tema de mi pelecha constante nos sigue intrigando.
El nuevo sucucho (insisto, con todo respeto), no tiene patio (perdón que repita pero tengo que reclamar cada vez que pueda). Está en el piso ocho y tiene un balcón que sí, se veía salvador, pero estaba fuera de mi alcance. La mami hizo el intento varias veces de sobreponerse a los nervios que le daba verme saltar a la barandilla, pero no pudo, así que me dejaba con el calor intenso del sol mañanero, nada menos que encerrada y sin cortinas, con el calor entrando por toda la casa.
Lo bueno que sucedió fue que un día apareció JP, un amigo nuevo que tengo (de mi mami es amigo hace como 15 años) (¡qué viejos no!) y le dijo que yo era gata, que no me iba a caer y que si me caía, en fin, sería en mi ley. Yo apoyé la moción, y fuimos dos contra una, así que desde ese día al menos me dejaba pasear en las tardes cuando ella llegaba.
Y convencida de que podía cuidarme sola, a las semanas la mami decidió empezar a dejarme con la ventana abierta durante el día y varias bendiciones antes de irse a trabajar. Los primeros dos días llegaba corriendo a verme, y yo la esperaba adormilada y regalona, así que se relajó. Tenemos un trato, ella me deja salir y yo, salgo ¿o no es un trato ese?
Lo que me gusta de la tonterita esa en que vivimos, es que van amigos de la mami que la quieren mucho, y ella se alegra y prepara unas onces con marraquetas calientes que hasta a mí me dan ganas de un trocito con mantequilla. Incluso tengo un fan, que se llama C, y que es quien más lee mis "columnas" en el blog desde siempre. Eso sí, a mi me gusta de lejitos, porque siempre me da susto la gente.
Bueno, casi siempre, porque cuando viene JP y cantan con la mami, es raro, pero me transformo y me paseo casi encima de su guitarra. Es que hija de tigre, tenía que salir rayada, así que me encanta la música (eso sí, por favor si alguien puede hacer causa común conmigo, díganle a la mami que deje de escuchar tantas veces "Desafinado" que hasta yo voy a terminar cantándola).
De nuestra vida, lo mejor, es que puedo regalonear cuándo quiera y donde quiera. Generalmente, tipito cuatro. De la madrugada. Pongo mi cabeza en la mano de mi mami inconciente, para que ella me acaricie. Si no resulta, le paso la lengua por la cara y después de reclamar, me hace cariño. Eso puede durar harto rato, depende de cuánta ración de amor esté necesitando y cuánto ánimo tenga mi mami de estar despierta a esas horas. La otra modalidad que tengo de llamar su atención, es mordiéndole un pie cuando lo saca fuera del cobertor. Es nueva y la encuentro ¡tan! divertida.
Lo peor, pasando al otro extremo, es que a la mami le ha tocado salir dos veces de viaje y las dos veces ¿adónde voy? a la casa de mi abueli. Y me gusta estar allá, lo que no me gusta es lo que pasa entre estar en mi casa y la de ella. Como después del cambio me dí cuenta que no es buena señal que a uno lo metan en el adminículo de transporte, aprendí la sencilla técnica de abrir mis cuatro patas y apoyarlas en la puerta de entrada de esa caja infame. Con eso, no sólo hago ejercicio y transpirar a la mami, también, evito que le den ganas de sacarme muy seguido. Una vez adentro, lo que sigue, esa vuelta en auto en la que la mami aprovecha de hacer un montón de trámites antes de llegar, es otra de mis desgracias. Pero ahora me voy en el asiento de adelante, con lo que sólo tres o cuatro veces emito un desgarrador maullido para jugar a que asusto a la conductora, y listo. Llegando a la casa de la abueli, todo cambia. Su departamento es grande y tiene muchos lugares frescos (además de canaritos, como ya saben) (pero no me los deja ver, como ya deducen). Ella tiene más pánico que la mami de que yo me caiga, así que no me deja salir al balcón, pero en ese tremendo espacio, con escalera, juguetes, closet para dormir, no necesito nada más. Ella me gusta porque me hace cariño y pasa conmigo todo el día. Y cuando me aburre, la ignoro y me voy, y ella me hace un desprecio ¡Nos queremos tanto las dos!
Pero, como nada es perfecto, pasan los días y ahí está de vuelta "la cargante" de mi mami y me agarra, y otra vez el show de la caja y mis contorsiones. La última vez estuvo 20 minutos debajo de la cama de la abueli antes de atraparme. Al menos que le cueste.
¿Y en qué estaba? ah! en mi bola de pelos, pues sí, como pelecho tanto me trago hasta los bigotes y me indigesté. Pero en fin, "gajos de la naranja" como dijo otro buen amigo.

agosto 31, 2006

Biografía (no autorizada) de Cassandra

Mi gatita Cassandra ha mandado correos y escrito historias desde que llegó. Ahora es mi turno de hablar de ella.
El 14 de Junio del año 2005, me enfrasqué en la tarea de ayudar a la jefa de una amiga, a encontrar hogar para una bella gatita llamada Clementina, a través de mails y contacto con mis conocidos. A las 9 de la noche, del mismo día, mi amiga se subía a mi auto con un bultito rubio, sucio y asustadizo que de algún modo ya era mi propia gatita, y a quien, desde el día siguiente, llamaríamos Cassandra. Su nombre -que algunos asociaban al personaje de una telenovela y yo a la canción de Sui Generis- fue catalogado por mis amigas como de bailarina de cabaret.
Cassandra fue encontrada en la intersección de dos avenidas, cruzando la calle y luego corriendo para refugiarse al interior del motor de un auto estacionado. Tal vez por eso ella ha sido siempre una gatita que se asusta con los ruídos y con la gente. Diminuta como era, trepaba hasta mis hombros pareciendo que en cualquier momento se metería en mi oreja. Durmió en la cocina desde el primer día de manera obediente, aunque despertaba a las 6 de la mañana con maullidos exagerados, y algunas, cuando su relojito biológico se descomponía, a las 3 o 4 de la madrugada.
Siempre se subió a mis piernas cuando estaba frente al pc, tal vez de ahí su gusto por la escritura, y llegó corriendo cada vez que escuchaba funcionar la impresora (aficiones que mantiene hasta hoy).
Le compré ratones y pelotas de todos los tipos, sin embargo, uno de sus juguetes preferidos es el alambrito con que sellan las bolsas del pan. Un día, descubrí los ratoncitos portátiles de piel y le traje el primero, que fue desde entonces su juguete más querido. Cuando le compré de los mismos pero cubiertos en cordel de colores, claramente los ignoró. Tenían que ser de piel.
Durante su primer baño, la pobre gatita mojada tiritaba y se mantenía tiesa. Enojada. Una vez que la saqué del agua, sólo quería escapar, pero no pudo. Fue imposible usar el secador, y tuve que tirarme de espaldas con ella en el pecho, para secarla con la estufa. Una vez seca, se veía igual que antes, la cola seguía un poco gris y su pelo pegado al cuerpo. No era verdad el mito de la pantera rosa después del baño.
Su pubertad felina la hizo parecer un hurón. Larga y flaca parecía una serpentina pasando por pequeños lugares.
Mañas tiene pocas. No toma agua de la llave, no rasguña los muebles.
Tampoco dormía en mi cama, pero cuando me cambié de casa, sus maullidos antes contenidos tras varias puertas, fueron escuchados por todo el vecindario y tuve que permitirle andar suelta por la casa o jamás volvería a dormir. Ese fue el inicio de la libre vida que lleva hasta ahora. Claramente, de todos los lugares de su nuevo hogar, dos fueron los predilectos: su autocolonizada cama en el piso tres del closet y mi cama. Las primeras veces que llegó a media noche, fue llevada rápidamente fuera de la habitación. Pero como seres pacientes y brillantes que son los gatos, hoy por hoy, ella duerme en mis pies, siendo yo la domesticada y no ella.
Mi bella gata habla. No como las personas, pero casi. Llama cuando llega por si hay alguien; si uno la llama porque no la ve, contesta; si uno le ordena salir de un sitio, reclama .Ya sé ¿no me creen? lamento por ustedes no poder poner audio a esta historia.
Ella me ama. Bruta y todo como es conmigo, o como fuera mientras vivía en departamento, tiempo en que yo estaba llena de rasguños, demuestra su cariño de manera tan leal que da gusto. Me recibe en casa, me acompaña a primera hora de la mañana y se acomoda a empujones cerca de mis piernas cuando llega la noche.
Es hermosa. Lo fue de pequeña, pero por meses se veía un poco color gris mugre. Luego, de puber, fue larga y angosta (como un Chile en cuatro patas), y hoy, gatita adulta de un año y meses, su pelo es largo, vaporoso y luce limpia la mayor parte del tiempo (excepto, claro, cuando entra a la casa proveniente de una excursión por los techos aledaños).
Hoy, sobreviviente de su peor tragedia, la llegada de dos perras, sigue siendo y sabiéndose la reina, y separadas por un vidrio, se ufana ante las perritas que miran cómo se estira remolona por el suelo.
En fin, seguro que ella reclaramá sobre esta biografía, que dejé de decir otras cosas buenas y exageré las malas... pero qué más da... ya está publicada.

junio 13, 2006

Cassandra: Odio las vacaciones.

Algo recuerdo del último viaje de mi familia. A un par de días la mami corría, lavaba ropa, hacía listas, revisaba maletas. Por estos días el ritual se repite y me temo que tendremos "vacaciones".
Cuando eso pasa, me meten a la cajita claustrofóbica, me suben al auto, y con todo mi equipaje, me llevan donde la abueli, sistema all inclusive. Esas son "mis" vacaciones, pero este año serán peores porque en su casa, ella no me dejará salir ni jugar con sus ocho lindos canaritos, lo cual sólo me deja posibilidades de dormir y hacer bandalismo indoor.
Espero que con el apuro, no olviden mis enceres básicos, como mi ratoncita de piel, que ni yo sé dónde quedó la última vez que la pateé y el gusano peludo a cuerda que sirve canalizar mi rabia acumulada, con certeros mordiscos en su yugular. Siempre es lo mismo, se ocupan de ellos y la pobre gatita queda para el final, nisiquiera me dedican una buena despedida, sino que se van medio a escondidas, y tengo que hacer el teatro de parecer distraída para que crean que no me dí cuenta.
Este año, me tinca que tendré que trabajar algunas horas cuidando a mi abuelita, como hice cuando estuvo en mi casa recuperándose de un accidente. Mmm. Quizás es por eso que me mandan para allá, y no para que ella me cuide (como cree)... no lo había pensado. Con razón mi mami me está prometiendo unas golosinas para cuando vuelva, tal vez sea la paga.
Por si acaso, preparé turnos extra de siesta para poder estar junto a la abueli, en jornada extendida.

junio 09, 2006

Cassandra: Lluvia

"Lluvia".
Así se llama el agua que cae desde el cielo e inunda mi patio y mi ánimo.
Mi cajita de arena volvió a su sitio de siempre, qué tortura. Atravesar bajo el agua es como si a mi mami la obligaran a bajar en un ascensor con caída libre, cada vez que quisiera ir al baño. En la mañana sacaba mi cabeza y maullaba, porque no podía llegar hasta allá. Justo cuando estaba decidiendo si atravesaba veloz o incursionaba en una de los maceteros que hay dentro de la casa, la mami me agarró y llevó en andas, y por fin sentí la arena bajo mis patitas. Me esperó y rescató para traerme de vuelta a casa.
A pesar de maullar desconsolada por la ventana, el señor de arriba que maneja la llave de la lluvia se rehusó a cortarla, y tuve que pasar la mañana durmiendo.
Pero ahora, está despejando. Y me puse bien contenta, y empecé a pasear para ver con qué jugaba y agarré un cuerito con olor a animal, para jugar a que lo cazaba y lo arrastraba... Pero mala idea pasearme cerca de la mami para que me viera, porque me lo quitó y mientras subía a guardarlo me explicó que era un cuero de antte, que es muy caro para jugar y se usa para las fotos, así que hay que cuidarlo ¡Patrañas! nada puede tener mejor uso que ser un juguete. En fin, me lo quitaron igual.
Bienvenido sol! no puedo escribir más, es hora de salir a embarrar mis patitas y disfrutar.

junio 08, 2006

Cassandra: ¡Vaya Días!

El lunes me llevaron en la cajita infeliz al veterinario para un corte de uñas radical. El martes conocí a un enemiguito nuevo, un gato que amaneció en mi patio y que tuvo la patudez de pegarme cuando salí a saludar; más encima, yo con las uñas mochas. Ayer, sola tooodooo el día, y hoy, por más que maúllo enrrabiada, la mami no corta el agua que cae en el patio y hasta tuvimos que damnificar mi cajita de arena, trayéndola adentro.
No sé para qué me pusieron entrada independiente en la cocina si ahora no puedo salir por el agua corriendo allá afuera. Y si, venciendo todos mis miedos, me decidiera a dar una vuelta, la mami me atajaría de entrada para limpiarme las patas, "¡el barro!" diría. No veo otra solución más que descansar de todo lo que ya descansé en la noche.
Cuando vivía en departamento no había nada de esto: agua, gatos, panderetas interconectadas, ni patios en los cuales caerse, como el de mi vecino de atrás. Durante un día de invierno, éramos sólo la estufa, mi cajita, mi cama, la mami y yo.
Pero aunque tengan que ponerme antipulgas y vacunarme el doble, prefiero mi vida de casa; con el sol por las mañanas, el patio para revolcarme, los pajaritos en el techo ¿qué será que ya no vienen al suelo como antes de que me fuera a presentar?, el escondite bajo el auto y hasta el vecino acusete que ladra cuando me cuelo bajo la reja camino a la calle.
Día gris. Sólo me queda dormir en la frutera, comer y jugar con la pelotita de esponja. De escribir me cansé.