Los pasos casi sin tocar la tierra, que no es propia, es ajena...
La infancia feliz vista desde lejos, y el dolor del miedo.
Miradas bajo una cruz y el cielo, dos segundos y un amor eterno
La fe, el susto, el amor y el gusto, el paso decidido que no dio fruto
Otra vez la fe, y otra y otra, y las manos cayendo al suelo tras la derrota
Con el rostro sonriente, diligente, atentamente presente y secretamente ausente
Los pies siempre en el aire y en camino, inconcientes del tiempo, de tránsito tibio
Recibiendo y dando, riqueza y ausencia, siempre los pies sin pisar la tierra
Cercana en la lejanía de los caminos mal tomados y lejana en la mirada de los extraños
Distinta, distante, sólo visible a los ojos igual de impenetrables
Sin olvidarse, sin creerlo, se sumerge en la candidez de sus amores sinceros
Y roza tímidamente sus dedos antes de correr, en el piso suave, por primera vez.
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