junio 18, 2007

La Noche de San Juan

Francamente inexplicable me resulta todavía la relación entre San Juan el Bautista y la noche de los hechizos.
Recuerdo que de niña, mis compañeras de colegio comentaban las "pruebas" de San Juan el día 23 y las experiencias sobrenaturales de sus parientes del campo en noches pasadas, en que bajo la higuera, guitarra en mano, se les aparecía el diablo ¡como mínimo! El 24 traían mitades de papas, papelitos con tinta y otros adminículos que había utilizado para dar vida a esa noche que más bien me provocaba temor, y compartían los resultados que, visto 20 años después, nunca atinaron a develar el amor de su vida.
Para mí San Juan nunca figuró por esa noche, sino por el "Veranito". Eso sí que me gustaba.
Pero es bueno rescatar las tradiciones, aunque uno no las comparta por filosofía (o por susto, como era mi caso). Y resulta que en una somera investigación, me encuentro con que depende el país, es lo que pasa. Por ejemplo, la higuera: en España, si uno se sienta bajo ella con una guitarra, se aprende a tocar el instrumento de inmediato (no haber sabido antes!!), pero en Chile, el asunto es que a uno lo visitaba el diablo. Con el espejo, las europeas que se miran desnudas de espalda, tampoco ven al personaje colilargo, sino su muerte. Y así. Las papas no parecen ser habituales en el viejo continente, pero aquí las tiras bajo la cama con nombres y la primera que coges, a la medianoche, es la de tu amor verdadero. En España aliviaron la traidición y evitaron el derroche de comida, definiendo que los solteros y solteras sólo deben mirar por la ventana y verán pasar al amor de su visa (me pregunto, sin embargo, quién va a andar en la calle si todos quieren estar mirando por la ventana... a menos, y esto no me queda claro, que sea una visión de esas mágicas que sólo se ven esta noche). Las calles de muchas localidades se iluminan con fogatas comunitarias, costumbre que a otros países, como el mío, llegó media chamuscada en la forma de "para olvidar algo malo, debe quemar un papelito a las 12 con aquello escrito".
De todo lo que hallé, lo que más me gustó fue esto "quien madrugue el día 24 no pasará sueño el resto del año", buen consejo para alguien que conozco, pero que ya tiene planeada su noche de San Juan y lo único que estará en condiciones de hacer por la madrugada será acostarse.
Hay reconocidos orígenes celtas en la tradición de celebrar el solsticio de verano, sin desmerecer las numerosas culturas que paralelamente celebran el solsticio de invierno (la longitud del día y la altura del sol al mediodía, son mínimas), como lo hacen los mapuche al celebrar su año nuevo -We Xipantu: la nueva salida del sol-, coincidente con el Inti Raymi de la tradición Inca, y la celebración de otras culturas andinas, eventos en que se le rinde culto y agradecimiento al Sol.
El pueblo mapuche cree que entre el 20 (o 21) y 25 de junio (del calendario winka) la naturaleza modifica todos sus elementos produciendo cambios profundos que impactan sobre todos los seres vivos y comienzan las actividades que preparan la tierra para las siembras de una nueva temporada. El día exacto de celebración del año nuevo, se rige por la luna.

De un modo u otro, con mayor o menor espiritualidad, el solsticio de invierno (hemisferio sur) o de verano (hemisferio norte) es conmemorado cada año de manera mística. O no tan mística...

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