diciembre 26, 2006

Bs As, día uno.

Una cosa es amanecer a las seis de la mañana. Otra es levantarse a las tres. A esa hora sonó la música de Chopin que me despierta cada mañana. A las 3:50 debía pasar el transporte al aeropuerto. Veinte minutos después de la hora, tras llamar a la central, bajé y encontré la van parada afuera de mi edificio con un chofer tan profundamente dormido que tuve que remecerlo para que despertara. Llegamos a las 5:00 en punto al aeropuerto, pagué la diferencia de mi boleto (por haberlo cambiado) y después de todos los trámites, me dediqué a leer mi revista compañera de viaje (confieso que estaba entre la National Geographic Viajes y la Cosmo. Ganó la Cosmo). Siete en punto, me tomé la pastilla para el mareo. Embarcamos y el avión, Gol, me sorprendió gratamente. Nuevo, de asientos suficientemente cómodos, olía a muñeca nueva recién desempacada. Ya al inicio de sus movimientos, comencé a sentir los efectos calmantes de mi pastilla. Tanto así que ví un poco Santiago, luego abrí un ojo, ví la cordillera, y al despertar por seguna vez ya estábamos en Argentina. Por cierto, mirar este país desde las alturas, es sorprendente, parece un verdadero tablero de ajedrez o de un juego lleno de cuadraditos de colores. Toda la tierra trabajada, delimitada en cuadraditos pequeños vistos desde arriba, que seguramente son de varias hectáreas cada uno. Otra buena sorpresa de la aerolínea, es que destruyendo mis expectativas, nos dieron bebida, un rico sandwich y una barrita de biscocho con dulce de frutilla. Todo perfecto. Turbulencias, un poquito, pero yo, no sentía nada de nada.
Al llegar me esperaba el remis. La chofer era mujer, me saludó de beso y me conversó de inmediato sin parar. Amorosa ella, me invitó a sentar en el asiento de adelante. Tomamos la autopista, y a una velocidad muy lenta en comparación con el resto de los vehículos, a ratos ocupando las dos pistas, y con un estilo de manejo que combinaba soltar las manos a cada rato y pasar los cambios de la manera más extraña que he visto, nos vinimos rumbo a la cuidad. Agradecí llegar con vida al hotel, que por cierto es bastante simple, pero limpio, cómodo, y de buena atención.
En 10 minutos, me largué del hotel camino a Santa Fe, sí, a vitrinear. Ya no era tan temprano, por el avión que llegó tarde, la señora que manejaba lento, el atochamiento, en fin. Así que debía aprovechar. Caminé todo lo que pude, y paré, ya por la tarde en un Mc Donald's (ya sé, nada que ver, debí pasar a un restaurant y comer un buen biffe chorizo) pero fue un hambre repentina de hamburguesa, que por cierto, no me cayó muy bien. Caminé de regreso al hotel y me tendí a descansar, lo que significó dormir profundamente por bastante rato y despertarme cerca de las ocho de la tarde. Otra vez salí, y luego de caminar medio Corrientes, he llegado hasta aquí, para hacer mi resumen diario antes de que se me olvide.
Me gusta esta cuidad. Siempre digo que algo tiene, y no sé cómo se puede denominar. Ví jóvenes paseando perros (muchos perros atados a la cintura), mucha gente en los restaurantes, conversaciones, abrazos, esas cosas que por aquí se ven a menudo.
Ahora, conseguiré un restaurant que atienda hasta después de las 00:00 y me iré a cenar. Fotos, no. No está para salir sola con mi cámara. Ya habrá oportunidad. Hoy en el camino un tipo me habló "apuesto que sos psicóloga.... sí, apuesto que son psicóloga de la UBA...." y caminaba a mi lado conversando... así que le dije, no, no soy psicóloga, nisiquiera soy de aquí "¿de dónde eres?" de Chile... "aahh ¿andás paseando?"... no por trabajo... "¿dónde trabajás... bla bla bla?"... en Santiago para una empresa argentina "y cuándo te vas?"... mañana (mentira uno).... "¿y cuándo venís denuevo?".... tal vez en un año...."un año? pero no podés venir a verme???".... no creo que a mi marido le guste la idea de que venga a verte (mentira dos).... "lástima, bueh, que ta vaya bien".... Gracias.... y como dicen aquí "safé".
Mañana me toca trabajar, espero que me vaya bien, porque durante el día es la evaluación de desempeño de mis primeros 5 meses. Eso me pone un poco nerviosa, porque con todos los cambios que ha habido en mi vida ha disminuido mi concentración algunos días y seguro mi jefe recordará alguna de mis distracciones. Es probable que él también se ponga nervioso cuando me vea obligada a contarle sobre mis problemas personales, de los que él no se dio por enterado. Lo mejor de todo, es que conoceré a todos mis compañeros por fin.
Ahora sí me iré. Este día ha sido bueno. De un calor intenso y húmedo que a ratos me hace sentir un poco descompuesta (no sé en qué pensé que traje pantalones en vez de "polleras").
Iré a cenar y luego a dormir, mientras esta cuidad, seguramente, se queda despierta hasta el cambio de turno con los que salen temprano a laburar.

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