julio 09, 2006

México en palabras IV


Nunca había estado en un lugar con tanto calor. Nuevo Vallarta está cerca de Puerto Vallarta, pero además del nombre, no están relacionados por nada. Incluso el estado cambia entre una localidad y la otra.
La experiencia en Nuevo Vallarta para mí fue del todo nueva. Nunca estuve antes en un "todo incluido", ni en un lugar en que hiciera tanto calor. En los momentos que pasaba en la habitación extrañaba un poco el DF. La vida tropical y de guatita al sol no son lo mío. Me achicharro si no estoy bajo la sombra, me enfermo del estómago si como mucho (todo incluido es sinónimo de "coma lo que quiera, cuando quiera") y a eso de las tres de la tarde empezaba a sentir que de un momento a otro me iba a desmayar a causa de la creciente temperatura. Pero la cara de mis tres acompañantes que sí estaban disfrutando de todo el ambiente playero, me subía el ánimo con creces. Imagínense dos adolescentes con permiso para comer durante el día entero y sabrán a lo que me refiero. Sin contar los paseos en kayak, los partidos de tennis, el gol que metió el mayor en la única pichanga que jugaron, y sus trenzas en el pelo el último día. Todo para ellos fue genial. Víctor, por otro lado, disfrutaba de no caminar, y se veía en la piscina, bajo un toldo o en el bar tomando algo, cada vez que lo buscaba. Yo, literalmente, pensaba en la inmortalidad del cangrejo, el misterio de la aceituna hueca y la esquina de la mesa redonda, pasando de pensar en nada a casi nada, durante horas. Fue una marathon de relajación y desconexión todo el tiempo que pasábamos en el hotel.
Hicimos un city tour por Puerto Vallarta y probamos tequila artesanal y otros licores, justo antes del almuerzo en el restaurant del papayago bilingüe (decía "hola" y "hello"). La cuidad es muy linda, y como ya deducen, tiene una bellísima iglesia. Pero también una vista preciosa del mar, muchos artesanos, y lo mejor, montones de iguanas. El guía, nuevamente excelente, nos contó la otra historia de Juan Diego, el indígena que avistó a la Vírgen en el Tepeyac. Su versión es que aquel indio, era de jerarquía y bastante instruído, y a quien realmente él vió fue a una diosa, siendo los españoles quienes adaptaron su nombre a Guadalupe y aseguraron que se trataba de la Vírgen María.
Ese día fue el que, según creo, la libretita de notas se extravió. A pesar de eso, el recorrido fue lindo y lleno de historia. De regreso en el hotel, una rica piñada sería lo mejor.

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