junio 18, 2007

El Kendo y yo.

Sábado 16 de junio. Mi trasnochado viaje a Temuco terminaba a las 6:40 y a las 8:30 debía estar cámara en mano fotografiando en Pitrufquén. Eso decía la agenda, pero el kiu que me acarreaba estacionó fuera del Gimnasio Municipal, recién una hora más tarde.
Vistiendo sus hakamas y varios de ellos descalzos, los kendokas se paseaban por el gimnasio o daban extraños saltitos hacia atrás y hacia adelante, moviendo su shinai, que no eran para pasar el frío, sino parte de la disciplina de entrenamiento (según deduje).
La competencia partió y no pude contener mi risa, aunque disimulé la expresión. Tal vez yo había visto el kendo sólo en fotos y nunca con sonido, por lo que ignoraba que en cada ataque, ambos guerreros se dan gritos salidos del estómago para liberar el Ki (punto que en este momento no estoy en condiciones de desarrollar, pero lo haré). Pasado mi minuto de risa, y en franco proceso de congelamiento, comencé mi interminable sesión de fotos y peleas con el flash, que dicho sea de paso, cuesta mucho más aprender a utilizar que cualquier cámara.
Combates toda la mañana, un chocolate destinado a dar energía a un competidor que finalmente me devoré en busca de las calorías ausentes, y la caballerosidad que suele rondar los campeonatos de disciplinas niponas, con toda la camaradería y los abrazos que se dan unos con otros, luego de parecer haberse enfrentado a muerte.
Un churrasco italiano a mediodía, con la nota casera del pan amasado, restableció mis energías.

Con lluvia de fondo ¿diluvio? pasó la tarde con la sensación de que no tenía pies ni nariz. Las tazas de té al almuerzo y aquella al final de la tarde, me alegraron más de lo habitual.
Estuve todo el día observando y no fuí capaz de reconocer ningún punto. Es bastante veloz y algunos embates, demasiado cortos.

Ahora no estamos tan lejos el Kendo y yo.

La Noche de San Juan

Francamente inexplicable me resulta todavía la relación entre San Juan el Bautista y la noche de los hechizos.
Recuerdo que de niña, mis compañeras de colegio comentaban las "pruebas" de San Juan el día 23 y las experiencias sobrenaturales de sus parientes del campo en noches pasadas, en que bajo la higuera, guitarra en mano, se les aparecía el diablo ¡como mínimo! El 24 traían mitades de papas, papelitos con tinta y otros adminículos que había utilizado para dar vida a esa noche que más bien me provocaba temor, y compartían los resultados que, visto 20 años después, nunca atinaron a develar el amor de su vida.
Para mí San Juan nunca figuró por esa noche, sino por el "Veranito". Eso sí que me gustaba.
Pero es bueno rescatar las tradiciones, aunque uno no las comparta por filosofía (o por susto, como era mi caso). Y resulta que en una somera investigación, me encuentro con que depende el país, es lo que pasa. Por ejemplo, la higuera: en España, si uno se sienta bajo ella con una guitarra, se aprende a tocar el instrumento de inmediato (no haber sabido antes!!), pero en Chile, el asunto es que a uno lo visitaba el diablo. Con el espejo, las europeas que se miran desnudas de espalda, tampoco ven al personaje colilargo, sino su muerte. Y así. Las papas no parecen ser habituales en el viejo continente, pero aquí las tiras bajo la cama con nombres y la primera que coges, a la medianoche, es la de tu amor verdadero. En España aliviaron la traidición y evitaron el derroche de comida, definiendo que los solteros y solteras sólo deben mirar por la ventana y verán pasar al amor de su visa (me pregunto, sin embargo, quién va a andar en la calle si todos quieren estar mirando por la ventana... a menos, y esto no me queda claro, que sea una visión de esas mágicas que sólo se ven esta noche). Las calles de muchas localidades se iluminan con fogatas comunitarias, costumbre que a otros países, como el mío, llegó media chamuscada en la forma de "para olvidar algo malo, debe quemar un papelito a las 12 con aquello escrito".
De todo lo que hallé, lo que más me gustó fue esto "quien madrugue el día 24 no pasará sueño el resto del año", buen consejo para alguien que conozco, pero que ya tiene planeada su noche de San Juan y lo único que estará en condiciones de hacer por la madrugada será acostarse.
Hay reconocidos orígenes celtas en la tradición de celebrar el solsticio de verano, sin desmerecer las numerosas culturas que paralelamente celebran el solsticio de invierno (la longitud del día y la altura del sol al mediodía, son mínimas), como lo hacen los mapuche al celebrar su año nuevo -We Xipantu: la nueva salida del sol-, coincidente con el Inti Raymi de la tradición Inca, y la celebración de otras culturas andinas, eventos en que se le rinde culto y agradecimiento al Sol.
El pueblo mapuche cree que entre el 20 (o 21) y 25 de junio (del calendario winka) la naturaleza modifica todos sus elementos produciendo cambios profundos que impactan sobre todos los seres vivos y comienzan las actividades que preparan la tierra para las siembras de una nueva temporada. El día exacto de celebración del año nuevo, se rige por la luna.

De un modo u otro, con mayor o menor espiritualidad, el solsticio de invierno (hemisferio sur) o de verano (hemisferio norte) es conmemorado cada año de manera mística. O no tan mística...

junio 12, 2007

Las bendiciones del Transantiago

El famoso "Transantiago" que se implementó en mis pagos a inicios de Febrero, trajo de un día para el otro, todo tipo de complicaciones para trasladarse: tarjeta de pago agotada; buses llenos, incómodos e inhumanos; baja frecuencia; malas conexiones; sobrecarga de pasajeros en el tren subterráneo; quedar repentinamente "mal ubicados" en el barrio que antes era ideal.
Y sin embargo, los dedos mágicos de la vida, no dejan de asombrarme cuando al mismo tiempo que algo nos quitan, algo nos regalan. Un día descubrí que, por la tarde, podía cambiar los muchos minutos de espera y los buses que pasaban de largo casi raspándome la nariz, por una hora de agradable caminata hasta mi casa.
Santiago está convertido en un "viejo otoñal odioso". Con más frío que otros años en pleno invierno y una contaminación que espanta y enferma, no invita precisamente a los largos paseos, a menos que sean, como en mi caso, la mejor alternativa para desplazarse.
Después de caminar a paso firme, bien abrigada, observando las luces de la cuidad cubierta de noche, y descubrir pequeños secretos en calles que parecen tan iguales unas con otras pero que aún dejan espacio para los misterios (como la vieja casa con balcón entre modernas construcciones), la llegada a casa tiene un aire de triunfo. Y un poco más de apetito.

abril 11, 2007

Amanda

Bien dicen que finalmente lo que queda es la familia.
Algo existe, incomprensible al primer vistazo, en los genes o en la relación de afecto que hay cuando se trata de la familia.
Toda la vida he defendido mi amor por mis amigos, por quienes elijo para ser parte de mi vida y por quienes me eligen a mi. Y a pesar de eso, debo decirlo, la familia es la familia, y no sé si se trata de sangre -apuesto que no- pero sí de algo que supera mi entendimiento.
Ayer nació la esperada Amanda. Fruto de una de las parejas más lindas que he conocido y largamente esperada por una prole grande de tíos, primos, abuelos, bisabuelos.
Desde que estaba acurrucada en el vientre de su mamá, me entusiasmaba imaginar el momento de verla, la sensación de ese primer encuentro después de meses de un bendito embarazo que nunca nos trajo sobresaltos.
Nada me impidió ayer salir del trabajo corriendo para ir a conocerla antes de que se acabara el horario de visita.
Tan pequeñita y durmiente, pero tan perfecta. No abrió los ojos para nada, venía de un día de mucho trajín como para ofrecerme una mirada, pero después de un resongo pequeño, dejó que la tomara para admirarla de cerca. Todo es bello en ella, su cara, la forma de su cabeza, su boca, su nariz. Pero lo más hermoso, es que es parte de dos de mis seres más queridos, y trajo de ambos en cada parte de su pequeño cuerpecito. El milagro ahora tiene la forma de una niña que aún descanza en la pieza de una clínica, pero que en un par de días conocerá el bello hogar que sus papis han preparado para ella durante el tiempo en que han cultivado la linda relación que los une. Y mi pequeña Amanda sabrá que tiene una pieza llena de colores, un gato y una perra preñada, y un tremendo familión que la visitará los fines de semana.
Si los niños eligen dónde nacer, la Amandita hizo una preciosa elección.
(dedicado a la familia León Acuña)

marzo 21, 2007

Cassandra: Adicción

Mi nombre es Cassandra y soy cariñoadicta.

Bien, habiendo asumido el problema -primera indicación de la ACA (Asociación de Cariñonómanos Anónimos)- paso a contarles.

Por alguna razón, desde hace algún tiempo, siento una necesidad vital de cariño por las noches. Todo comenzó una calurosa noche de verano en que, de madrugada, cuando el sueño de los humanos está en su fase profunda, alenté a la mami a hacerme cariño con un golpe de mi cabeza sobre su mano. Ella, adormilada, me tocó la cabeza y acarició mi lomito, mientras yo me paseaba encima suyo. De eso hace ya un par de meses, con el consecuente agravamiento del problema. Porque ahora no sólo la despierto una vez. Hace dos noches, tuve DOS arranques de ternura, y ya no me puedo controlar, porque antes cuando la mami se quedaba dormida en medio de la sesión de "cariños de trasnoche" yo me resignaba. Ahora me es imposible, tanto que le mordí el pelo, no encontrando nada más que morder porque ella se había tapado completa tratando de escapar de mí!!
Lo peor es que se hace cada vez más frecuente mi necesidad desde el día en que me tiré balcón abajo al departamento de la vecina. Seguramente la ansiedad provocada por el encierro obligado o la llegada del otoño.

Actualmente, estoy en tratamiento. Me hacen jugar mucho rato de manera que no despierte en la noche y me dan atención hostigante con exceso de cariño para que luego no lo necesite. Anoche funcionó. Lo malo, es que ahora me estoy volviendo juguetonadicta, y no sé cómo vamos a salir de eso.

marzo 14, 2007

Le quedan 4 (hasta donde se sabe...)

Mi gata tenía menos de dos meses cuando se salvó de morir atropellada en una de las esquinas con más flujo de autos en Santiago. Al día siguiente, se salvó de que el dueño del auto en que se refugió, prendiera el motor y la matara (del golpe o del susto). Esas son las vidas que ya había gastado, de las siete que traen los gatos, antes de que llegara a mi.
Ya juntas, digamos que sus dos malos ratos -una caída al patio vecino y un día entero perdida en algún lugar desde el cual maulló a todo pulmón pero logró safarse sola- no eran para descontar vidas. Pero riesgos tuvo.

Ayer sentí un ruido en mi balcón, a las 7 de la mañana. Da lo mismo el oído, es el corazón el que avisa. Mi gata no estaba y yo no era capaz de mirar desde la altura de ocho pisos a la que está mi departamento. Nadie vio nada, nadie llamó durante el día para avisar la mala noticia, y luego de un eterno día de trabajo, pudimos buscarla por fin con el generoso amigo que se prestó para consultar en caso de que hubieran malas noticias que recibir.

NADA. Eran las 8 de la tarde, y nada. Mi gata desaparecía sin dejar rastro.
"Si estuviera viva y escucha que la llamo, maullaría" le dije certera a mi amigo. Y para probar por última vez la teoría, grité por el balcón "¡Cassandra!"

"¡MIAU!"

Mmmm??? grité denuevo y miré a mi amigo "¿escuchaste?"... "sí".
Estaba viva a cierta distancia aún no determinada. El candidato era el departamento de abajo. No había nadie. La buena suerte hizo que encontráramos a la dueña llegando y la mala, que al revisar su casa no encontrara nada y que ella tuviera que salir de inmediato.
Se fue la vecina, se fue mi amigo, y volví a insistir... mi gata gritaba inconfundible respondiendo todos mis llamados. Incapaz de confiar en mi oído, bajé, y desde el primer piso, mi amigo -al que hice volver para que me ayudara a verificar la ubicación- y yo, la vimos muy sentada en la barandilla del departamento en que el que yo acababa de buscar.
A las 2 de la mañana la dueña llegó. A esa hora entré, yo primero esta vez, al hogar de mi ahora conocida vecina. Dos "Cassandra" y ya la tenía en brazos.

De regreso en casa, mi gata se paseaba como si nada, como si el paseito hubiese sido cosa de todos los días. No sé si se cayó o decidió saltar al domicilio de abajo, pero cualquiera sea la razón, desde hoy el ventanal permanecerá cerrado.

Me la imaginaba con ventosas amarradas a las patas y alguien más, con paracaídas de mochila, pero creo que tendré que optar por un mecanismo más factible.
Y ella tendrá que optar por quedarse en casa o nos echaran del edificio "por molestias causadas por gata voladora cayendo en balcón de vecino".

marzo 08, 2007

Día Internacional de la Mujer

La pregunta recurrente es "y ¿cuándo es el día del hombre?" la respuesta es no hay y las razones se me vienen a la mente de varias formas...

La mujer ha luchado por siglos para tomar un lugar en la civilización particularmente machista que nos ha visto nacer en todo el globo, a excepción de algunas culturas de índole matriarcal, que han sido las menos. Hace menos de un siglo, en esta misma cuidad, una mujer universitaria era mal vista, lo mismo que una que anduviera en moto. La simple idea de trabajar fuera de casa sin necesidad de ser el sustento de la familia, era síntoma de que "fulanita" era rara, suelta, quién sabe...
La mujer fue por décadas "la mujer de...", "la viuda de...", y no podía tomar decisiones sobre muchas cosas, incluso en su propia casa.

No hay culpables, no se trata de hombres malos que la hayan sometido, se trataba de madres y abuelas que le hacían vivir así, sintiéndose siempre menos, y enseñándole a aguantar lo inaguantable.
Las lecciones de la vida eran el macramé y la cocina.

Cuando pongo ropa en la lavadora automática y le agrego el detergente en polvo, pienso en las mujeres que vivieron décadas de lavar a mano, agachadas sobre una tabla que les rompía los dedos y resfregando con ese jabón azul. Que luego, como si esa tarea no les hubiese arrebatado todas las energías, almidonaban las camisas y estiraban las prendas con unas planchas de fierro a las que les ponían brasas, que a más de alguien deben haber quemado.
Y luego pienso en que no tenían los porotitos congelados, los choclos desgranados, nisiquiera tenían agua potable a veces, pero hacían cinco platos distintos para el almuerzo, y las tortas de cumpleaños, y mataban el pollo en su propio patio en vez de comprarlo limpio dentro de una bandeja.
No tenían uno, sino varios hijos, sin anestesia, y desde muy jóvenes. Pienso en que no manejaban, que no tenían dinero a menos que lo pidieran, que aprendían a ser sumisas por obligación. Que eran consideradas menos inteligentes, en vez de con habilidades distintas, como se sabe hoy.
Hay tantas cosas que pienso y me parece que es tan claro, tan justo y tan merecido un día como éste, que le puedo argumentar a cualquiera lo bueno que es celebrar el honor que tenemos algunas mujeres, y ojalá lo tuvieran todas, de ser libres y felices, aunque ganemos menos y no nos contraten por miedo a la maternidad -que es la misma "enfermedad" que tuvieron las mamás de "esos" gerentes de personal para traerlos al mundo-. Somos, al menos, independientes para arrancar de una vida indigna, libres para reír, para ser hermosas y amar sin miedo. Y aunque traten de desdibujar, las mujeres siguen atendiendo la casa, criando a los hijos, acostándose después que todos.... No necesitamos ser igual de fuertes, igual de altas, igual de rudas. Sabemos lo que somos, siempre lo hemos sabido, y este día es para que los niños y los hombres también lo sepan, porque nosotros conocemos desde siempre lo especial que es ser mujer.
Y también es para que la palabra "mujer" llegue a los ojos y oídos de aquellas que siguen viviendo en el sótano de la vida, sometidas a tantas distintas amenazas. Para que no se olviden que son mujeres, que son sagradas y que si no ellas, puede que sus hijas, o sus nietas, sonrían un día felices de ser quienes son.
(dedicado a los cientos de bebés recién nacidas que en India sus padres dejan botadas en la calle y a las que son asesinadas en China porque un varón es "mejor" para la familia)

marzo 05, 2007

Jorge Drexler

Me llegó pirateado en un cd de folcklore, como se estila, en la forma de su canción "Frontera". Deuda pagada: todo cuanto escucho ahora, es original.

Su música es la que me inspira ahora mismo para dedicarle unas líneas por haberse colado de a poco en mi casa, mis oídos. Y mi ducha: tradicional estudio de ensayo para los cantantes amateur.

Drexler es un observador de los detalles, capaz de arrebatar letras desde pequeñas situaciones entrelazadas con su vida. Es un agradecido de quienes lo inspiran y de las manos que le prestan el alma para transformar su talento en trabajo, y su trabajo en subsistencia.
Lo oigo, trovador de historias simples, y me resulta tan claro que sea reconocido aunque menos conocido en mi país, de lo que quisiera. Pareciera que su visión fuera poesía y su pluma música, que se escapa por sus dedos y acaricia la guitarra que lo acompaña.

Lo observo (lo oigo, lo leo) y lo adivino generoso más que divo receptor de elogios ¿Qué será que los buenos tienen la humildad que en los no tan buenos escasea? Yo soy humilde, pero no me queda otra, con mi tanto gusto por escribir y mi tan poco digno verso. Pero que él escriba humilde, es notable. Y que se suba egocéntrico a un escenario a sacar la voz por todos los que nos quedamos en este rincón del mundo, también lo es.

Sin título...

De los días marchitos rescato el primero y de vuelta lo arranco y lo dejo caer

De los días cálidos tomo el amanecer, el azul del cielo y su tarde anaranjada
De los días fríos, rescato los bosques frondosos del sur de mi sur y el rocío atrapado en una flor violeta

De los días eternos me quedo con el reposo que llega, bajo las sábanas frescas
De los días cortos sólo tomo su recuerdo, para no acortarlos más

De los amaneceres tomo la brisa y me abrigo con ella, y con el último astro travieso
De las madrugadas, bebo la luna en una copa y me robo el sigilo de los gatos

De los días enfermos, me quedo con la sopa de mi mamá y sus caricias, servidas en bandeja
De mis cumpleaños, me quedo con los frijoles negros y las sonrisas en la sala, del año hace años

De los días contigo, vida, me quedo con todos.

marzo 01, 2007

Un día bueno

Entre los días buenos, éste es de los mejores. Sin viejas ni nuevas, ni malas ni buenas
Traigo la lucidez de la tranquilidad que me heredó la noche bien dormida
Y el café que no bebo pero que suena tan bien decir que lo he bebido,
Ese que inunda en las mañanas, con su aroma imaginario, la casa que desde lejos sueñas.

Estás tú y está ella con sus blancos cabellos y su risa,
Está la música que como canto sale de mis labios y como sentimiento se fuga
Me recuerda tu nombre y las primeras notas que cantamos, al inicio del invierno,
Y de eso hace tantos inviernos y caricias. La vida pasa de prisa.

De los días malos no me olvido, los he dejado estacionados
Junto con el auto que dejé a más cuadras que mis ganas pero menos que mi ánimo
No en mi casa, porque en ella no meto días malos, ni días pasados que abandoné con dolor
Sólo la luz de los afectos y las sombras de los rostros que siguen a mi lado

Está mi mente y mi alimento, la voces que me arropan cuando el alma tiene frío,
un par de amigos, algunos recuerdos y otro par de cariños
Están todos entre las líneas de mis historias y en la historia de mi vida
Como están los días, como éste precisamente, en que despierto y aunque no te vea, sé que estás conmigo.

Primera vez

Los pasos casi sin tocar la tierra, que no es propia, es ajena...
La infancia feliz vista desde lejos, y el dolor del miedo.

Miradas bajo una cruz y el cielo, dos segundos y un amor eterno
La fe, el susto, el amor y el gusto, el paso decidido que no dio fruto
Otra vez la fe, y otra y otra, y las manos cayendo al suelo tras la derrota

Con el rostro sonriente, diligente, atentamente presente y secretamente ausente
Los pies siempre en el aire y en camino, inconcientes del tiempo, de tránsito tibio

Recibiendo y dando, riqueza y ausencia, siempre los pies sin pisar la tierra
Cercana en la lejanía de los caminos mal tomados y lejana en la mirada de los extraños
Distinta, distante, sólo visible a los ojos igual de impenetrables

Sin olvidarse, sin creerlo, se sumerge en la candidez de sus amores sinceros
Y roza tímidamente sus dedos antes de correr, en el piso suave, por primera vez.

febrero 14, 2007

Día de los Enamorados

FELIZ DÍA para todos quienes estén enamorados o recuerdan a esos amores que la vida o la muerte se han llevado. Feliz día para los que celebran esperando un hijo; para los que van en su Día de los Enamorados de plata, de oro, de diamante!! ; para los que celebran junto a su pareja por primera vez. Feliz día para aquellos que han estado enamorados toda la vida de alguien a quien nunca más han visto y para los que creen que nadie los ama, pero tienen un enamorado del que no saben.

La historia, cierta o no, cuenta que en Roma del siglo III, el obispo Valentín decidió casar a parejas de enamorados que no podían contraer dicho vínculo, haciendo caso omiso del edicto en que Claudio II -quien consideraba que los soldados casados rendían menos en el frente- prohibía el matrimonio entre romanos. Cuando Valentín fue apresado para esperar su condena a muerte por desafiar al emperador, tuvo una aprendiz llamada Julia a quien, justo antes de acudir a su ejecución, le entregó una carta con sus últimas palabras.
La otra historia, sobre las Lupercales, en la que se piensa se originó esta celebración, es todo menos romántica así que, créanme, hay que quedarse con la anterior. Y sobre Valentín hay muchas versiones, otra de ellas igualmente bonita, que dice que dejó en la ventana de la casa de tres jóvenes pobres, las joyas suficientes para darlas como dote y poder casarse, pero pareciera que la primera tiene más relación con lo que hoy conocemos como "día de los enamorados".

La cuidad está llena de flores en ataditos, ramos y arreglos. Incluso hice mi pequeño aporte al redireccionar a un repartidor que estaba perdido con dos ramos de rosas rojas que, seguramente de grandes, no le dejaron ver el cartel con el nombre de la calle, y por eso se pasó.
Me gusta este día porque las parejas se ven felices, de la mano, y se besan más que de costumbre. La cena se prepara con más entusiasmo o por fin se sale a comer fuera de casa.

Las excusas para estas veinticuatro horas al año son válidas porque no todos saben que cada día se puede pintar de colores románticos.

Como dato, mañana liquidan las flores y tooodooos los objetos con corazones.

enero 25, 2007

enero 19, 2007

Mera Observación

A veces las historias tiernas se cuentan ante nuestros ojos.
Ayer pasé a la panadería de barrio que hay cerca de mi casa. Como siempre en la tarde, los fieles compradores de marraqueta recién horneada, hacíamos una pequeña cola para llegar al mesón. Esperando fuera de la panadería, había una niñita de unos 3 o 4 años, sentada en su bicicleta con rueditas de apoyo, estacionada de frente a la murralla de la panadería, afirmando el manubrio con su mano derecha y con la izquierda, comiendo un chocolate que -con forma de helado- está pegado a un palito. Se retiraba del local un señor con un bebé de año y medio que apenas caminaba sujeto de su mano izquierda, y le decía "llama a tu hermana, llama a tu hermana", instrucción a la que un varoncito de pañales y poco equilibrio, no podía menos que no reaccionar. Mientras, yo miraba cómo la bella niñita rubia de pelo rizado escuchaba a su abuelo y comenzaba a comer cada vez más rápido su pequeño chupetín. Su abuelo avanzaba, con esa mala costumbre que tienen los adultos de adelantarse perdiéndose la diversión, pero luego se detuvo, y sólo llamaba a su nieta por el nombre. Ella estaba en una situación difícil, no podía manejar su bici con el dulce en la mano y no sabía dónde dejarlo, por eso su urgente necesidad de devorarlo para luego ir a botar el palito al basurero de la panadería -como seguramente sus padres le han enseñado- y regresar para sacar su vehículo de la posición en que estaba. Lograrlo, fue otra titánica experiencia. Si bien hacía la fuerza para conseguir que se movieran sus pedales, ésta no era suficiente, y por la posición en que estaba, la bicicleta no se iba hacia adelante ni hacia atrás. El abuelo se escuchaba un poco más lejos cada vez. La niñita lo miraba, miraba angustiada su corcel de metal, pero no se rendía ante el esfuerzo que significó hacer por lo menos diez intentos hasta que por fin, la bicicleta giró, la ciclista pudo volver a la vereda y llegar hasta los dos varones que la esperaban pasos más allá.
A mi edad, uno no recuerda los esfuerzos que significan algunas maniobras cuando las manos no son diestras, la cabeza es muy grande y el cuerpo es de un tamaño tan poco práctico. Es muy gratificante tener ojos observadores para darse cuenta de que hay pequeños héroes por todas partes.

enero 16, 2007

Cassandra: Desahogo

La mami le cuenta a quien se le cruza que de noche le muerdo los pies.
Pues bien ¡basta ya! de creer que soy la única que propicia roces intrafamiliares.
Cuando viajó, hace semana y media, me sacó con un ESCOBILLÓN desde atrás del refrigerador. Un escobillón que tenía un paño sí. Y no me pegó sino que me empujó un poquito para que yo sintiera que no había espacio y saliera. Pero igual!! violencia es violencia!
Hace dos noches, sí, le mordí la manito y lloré varias horas, pero ¿por qué? porque se acostó sin mirar mi platito y resultó que ¡estaba vacío! ¿no habrían mordido ustedes? ¿ah?
Bien, y anoche... anoche no saben. Yo me acosté tempranito igual que ella. No vimos película ni nada. Y en la mitad de la madrugada, recibo una patada. UNA PATADA, tal como lo leen. Sin mediar provocación, me pegó una "chuleta", con mi consecuente reacción de salto en el aire. Ella se despertó con el incidente (sí, estaba durmiendo, pero y qué? acaso le vamos a dar inmunidad por eso???) y vio como me abalanzaba entre asustada y enfurecida, sobre ella. Solo alcancé a morder un poquito de su pie y otro poquitito de su mano mientras me decía "fue sin querer, fue sin querer". Cuando se durmió, le fuí a morder el pie que sacó fuera de la cama para terminar de relajarme, despertarla, y así, instalarme para que me hiciera cariño y perdonarla.
Ella dice que soy una fresca y yo no encuentro. Es mi casa, y es MI mami. No veo dónde me pude haber tomado atribuciones de más. Nisiquiera cuando entro a la tina apenitas ella dejó de ducharse o cuando me encaramo a langüetear la cajita de su leche con chocolate. Habla de más. Como si yo siempre la despertara con mis maullidos de noche... nada, en una semana grito, a lo más, seis noches, eso no es "siempre". Ni le saco muchas hojitas a las plantas, sólo las necesarias para jugar. Y tampoco se me puede culpar de la manilla que le falta al cajón, porque yo me la encontré en el suelo, y "sólo" la perdí.
Estoy pensando seriamente en redactar los derechos de los gatos, o para evitar el cansancio, buscarlos en Internet.

enero 14, 2007

Cassandra: ¿Dónde está ¿Wally??

La mami dice que estas fotos están tan malas que mejor ni diga que las tomó ella. Así que no diré.

Según ella, se parecen a un juego que se llama Where's Wally? en el que buscan a un flaquito de anteojos y gorro, que viste una camiseta a rayas rojas.

Bueno, ésta es mi versión. Gana el que me encuentra.

enero 13, 2007

13 de Enero

Según algunos, los primeros días del año reflejan sus doce meses.
En ese caso, mi año debería venir buenísimo!
Los primeros doce días del año (en realidad trece, porque hoy ha estado de maravilla) han traído muchas experiencias gratas, conversaciones de las más honestas que recuerdo, y un estado de total tranquilidad para mí.
Como si fuera un cristal de cuarzo, dejé pasar de largo todas las angustias, y reconocí la buena cantidad de sensaciones gratas que se paseaban cercanas.
Un día bueno, no es aquel en que no tengo problemas, es aquel en que puedo enfrentarlos. No es aquel en que no siento miedo, es aquel en que puedo expresarlo. No es aquel en que estoy con gente, es aquel en que me acompaña el cariño de las personas.
Un día bueno es un día como el de hoy, en el que percibo lo muy bueno que hay en mi vida.
Un día malo, es entonces, aquel en que a pesar de recibir sonrisas, no recibo un cariño honesto. Aquel en que no tengo inspiración para escribir a causa de mi expresión reprimida. Es un día en que teniendo los mismos ojos, no soy capaz de ver la belleza, o teniendo tantos pensamientos, no soy capaz de mirar.
Hoy es un día precioso. He estado sola, pero mis amigos están con sus familias, mi madre con sus hermanas, mi gata con su cajita de arena limpia y yo, a punto de ir a tomar un rico helado. Nada puede ser mejor.

Lican Ray

Al parecer una araña (nunca se supo) fue la causante de mi repentino y corto viaje, hace una semana.
Mi buen amigo de Temuco, recién salido de sus días de hospitalización con antibióticos a la vena, pretendía cumplir su compromiso de viajar a Santiago a pesar de su hinchada, y poco agraciada, pierna edematosa. Amenazados todos, su familia y yo, de que iba a venir de cualquier forma, surgió la linda idea de que yo viajara y aprovechara de celebrar con ellos el cumpleaños de su hermana en Lican Ray.
A mitad de semana me aparecí por la ventanilla de la empresa de buses y pedí mi pasaje de ida "¿para cuándo?", "para el viernes", y "¿de regreso?", "el domingo", respuesta que fue suficiente para que el dependiente me hiciera el comentario de que era muy poco tiempo para tan lindo viaje, a lo que no podía menos que decir que sí, pero que valía la pena.
Diez y media de la noche del viernes, después de ir a buscar a mi gata, retirar un exámen de laboratorio, regar las plantas de mi tía y dejar a la felina con mi mamá, partía mi viaje hacia Temuco. Desperté unas 8 veces durante la noche pero el tiempo pasaba muy lento. Antes del amanecer, la silueta de las nubes sobre los campos y el color anaranjado del cielo, creaban imágenes conmovedoras.
Mi llegada estaba prevista para las siete y media de la mañana, pero a eso de las seis cincuenta, los pasajeros coincidían en llamar a sus familiares diciendo "estamos llegando". Así que tomé mi teléfono y le dije a mi amigo "parece que estoy llegando" y dentro de otras preguntas, me dice "¿... pero ves casas?" y le dije "no". Corté y acto seguido ¿qué ví?... casas.
En fin, esperar en un terminal tampoco es tan malo, sobre todo cuando existe un hall interior para una mañana bastante más fría que las de Santiago. Habiendo llegado mi amigo de cojo pero digno caminar, salimos del terminal y leo con infinita gracia cómo el cementerio colindante hace propaganda a su "moderno crematorio" como quien avisa una pasta dental.
Después de un conversado desayuno y de las muchas actividades (y vueltas) de mi amigo antes de dejar la cuidad, salimos junto a su hijo pequeño, rumbo a Lican Ray, que está a más de hora y media de camino.
Al llegar, el resto de la familia. Me recibieron como si la que los hubiera invitado fuera yo, já. Abrazos, besos, y en fin, esas cosas que no entiendo cómo otras personas no disfrutan, pero para mí son de lo mejor. Compartimos un rico almuerzo y un buen rato de cháchara entrentenida, hablando de fotografía, del lugar, de mis amigos cuando eran pequeños, de sus viajes familiares y bastante más.
Por la tarde, el bello lago Calafquén refrescaba a los veraneantes y me maravillaba con su belleza. Mis ojos se perdían entre tantas imágenes y recordaba mis paseos de infancia al lago Llanquihue. Sin duda, a pesar de eso, el ambiente creado por aquella familia, era lo mejor.
La noche de ese día, fue de pasear por el lugar, su plaza, y ver arroyos de lava antigua, bajo la luz de la luna.

El día domingo tomé un contundente, delicioso y conversado desayuno. Hacia el mediodía, bajaba a la playa a encontrar a mi amigo que a esa hora, haría Iaido. El lugar que elegimos, fue un sauce enorme que le regaló sombra suficiente para no desvanecerse de calor durante la práctica. Mientras, yo saqué fotos y sin ánimo de hacerlo, me encontré meditando sentada en el tronco del amistoso sauce que nos acogió.
Luego de eso, hambrientos y felices, compartimos entre todos un almuerzo con carne, papas, tomate. Esos alimentos simples que son capaces de convertirse en un banquete en cualquier momento. El postre no sólo fue la sabrosa sandía, también fue la guitarra, que nos acompañó hasta la playa para cantar un poco de bossa nova con mi desaliñado portugués y otras lindas melodías orquestadas por los dedos gráciles de mi amigo músico.
La tarde nos apuró, pero no tanto como para no tomar once, y partimos de regreso a Temuco por un camino que, esta vez, retuve mucho más.

Al anochecer, en el rodoviario, podía ver a mi amigo despidiéndome con mímicas y morisquetas que me hicieron recordar cuando me hacía reír de la misma forma aquel año 92 en que lo conocí en la bella cuidad de Valdivia. Parece que el sur tiene eso de marquetear los crematorios y hacer que los amigos se vuelvan un poco locos.

(Dedicado a la familia Gil Ramírez)

Cassandra: sin título

Puaj, hoy vomité mi primera bola de pelos.
El que sea sensible al tema, descuide, esa fue la peor parte.
Y por qué tenía una bola de pelos?
Bueno, fue así...
Deberán recordar mi apacible vida de gata en casa a ras de piso de buen vecindario, que a pesar de la molesta convivencia con un par de perritas, intenté mantener a través de distintos nuevos caminos para escapar y uno que otro cambio en mi rutina diaria. Pues, un día la mami comenzó a tomar todas sus cosas, y yo pensé, "bueh..." y de pronto comenzó a tomar todas "MIS" cosas... y entonces pensé "¡ops!".
De un día para el otro me ví viviendo en un tugurio de mala muerte (con todo respeto), sin patio, en altura y con un calorazo que derrite. Mi ánimo decayó de tal manera que me resistí a comer y comencé a pelechar, y la mami como haciendo raya para la suma me mira y dice "es tres" y yo no sé qué tienen que ver las matemáticas o si quizo decir que pelechaba como tres gatos en vez de una, pero el asunto es que luego de decir eso, me cambió el alimento y comenzó a comprar todo tipo de utensilios eliminadores de pelos para sobrellevar la situación, unos para mí, otros para la ropa, otro para los muebles y un pañito que con estática hace de las suyas llevándose el polvo y los pelitos esquivos.
De aquel tiempo, hace ya un par de meses, y aunque mi apetito mejoró, el tema de mi pelecha constante nos sigue intrigando.
El nuevo sucucho (insisto, con todo respeto), no tiene patio (perdón que repita pero tengo que reclamar cada vez que pueda). Está en el piso ocho y tiene un balcón que sí, se veía salvador, pero estaba fuera de mi alcance. La mami hizo el intento varias veces de sobreponerse a los nervios que le daba verme saltar a la barandilla, pero no pudo, así que me dejaba con el calor intenso del sol mañanero, nada menos que encerrada y sin cortinas, con el calor entrando por toda la casa.
Lo bueno que sucedió fue que un día apareció JP, un amigo nuevo que tengo (de mi mami es amigo hace como 15 años) (¡qué viejos no!) y le dijo que yo era gata, que no me iba a caer y que si me caía, en fin, sería en mi ley. Yo apoyé la moción, y fuimos dos contra una, así que desde ese día al menos me dejaba pasear en las tardes cuando ella llegaba.
Y convencida de que podía cuidarme sola, a las semanas la mami decidió empezar a dejarme con la ventana abierta durante el día y varias bendiciones antes de irse a trabajar. Los primeros dos días llegaba corriendo a verme, y yo la esperaba adormilada y regalona, así que se relajó. Tenemos un trato, ella me deja salir y yo, salgo ¿o no es un trato ese?
Lo que me gusta de la tonterita esa en que vivimos, es que van amigos de la mami que la quieren mucho, y ella se alegra y prepara unas onces con marraquetas calientes que hasta a mí me dan ganas de un trocito con mantequilla. Incluso tengo un fan, que se llama C, y que es quien más lee mis "columnas" en el blog desde siempre. Eso sí, a mi me gusta de lejitos, porque siempre me da susto la gente.
Bueno, casi siempre, porque cuando viene JP y cantan con la mami, es raro, pero me transformo y me paseo casi encima de su guitarra. Es que hija de tigre, tenía que salir rayada, así que me encanta la música (eso sí, por favor si alguien puede hacer causa común conmigo, díganle a la mami que deje de escuchar tantas veces "Desafinado" que hasta yo voy a terminar cantándola).
De nuestra vida, lo mejor, es que puedo regalonear cuándo quiera y donde quiera. Generalmente, tipito cuatro. De la madrugada. Pongo mi cabeza en la mano de mi mami inconciente, para que ella me acaricie. Si no resulta, le paso la lengua por la cara y después de reclamar, me hace cariño. Eso puede durar harto rato, depende de cuánta ración de amor esté necesitando y cuánto ánimo tenga mi mami de estar despierta a esas horas. La otra modalidad que tengo de llamar su atención, es mordiéndole un pie cuando lo saca fuera del cobertor. Es nueva y la encuentro ¡tan! divertida.
Lo peor, pasando al otro extremo, es que a la mami le ha tocado salir dos veces de viaje y las dos veces ¿adónde voy? a la casa de mi abueli. Y me gusta estar allá, lo que no me gusta es lo que pasa entre estar en mi casa y la de ella. Como después del cambio me dí cuenta que no es buena señal que a uno lo metan en el adminículo de transporte, aprendí la sencilla técnica de abrir mis cuatro patas y apoyarlas en la puerta de entrada de esa caja infame. Con eso, no sólo hago ejercicio y transpirar a la mami, también, evito que le den ganas de sacarme muy seguido. Una vez adentro, lo que sigue, esa vuelta en auto en la que la mami aprovecha de hacer un montón de trámites antes de llegar, es otra de mis desgracias. Pero ahora me voy en el asiento de adelante, con lo que sólo tres o cuatro veces emito un desgarrador maullido para jugar a que asusto a la conductora, y listo. Llegando a la casa de la abueli, todo cambia. Su departamento es grande y tiene muchos lugares frescos (además de canaritos, como ya saben) (pero no me los deja ver, como ya deducen). Ella tiene más pánico que la mami de que yo me caiga, así que no me deja salir al balcón, pero en ese tremendo espacio, con escalera, juguetes, closet para dormir, no necesito nada más. Ella me gusta porque me hace cariño y pasa conmigo todo el día. Y cuando me aburre, la ignoro y me voy, y ella me hace un desprecio ¡Nos queremos tanto las dos!
Pero, como nada es perfecto, pasan los días y ahí está de vuelta "la cargante" de mi mami y me agarra, y otra vez el show de la caja y mis contorsiones. La última vez estuvo 20 minutos debajo de la cama de la abueli antes de atraparme. Al menos que le cueste.
¿Y en qué estaba? ah! en mi bola de pelos, pues sí, como pelecho tanto me trago hasta los bigotes y me indigesté. Pero en fin, "gajos de la naranja" como dijo otro buen amigo.