junio 27, 2006

Resumen México: chascarros

Yo no sería yo si no tuviera estas historias. Si fuera miss universo es probable que me cayera flamente por las escaleras, o si jugara en la selección, metiera un autogol. Por eso me complace mi estatus de cuidadana anómina.
Aquí les cuento los chascarros de mis vacaciones.
Llegamos al hotel a una hora que en que sólo un restaurant cercano estaba abierto. Aún sin haber deducido que enchiladas son cualquier cosa cubierta con chile, tomé la sabia decisión de no pedir ese plato. Ordené feliz mis primeros tacos made in Mexico, ajúuaaa. El bello plato traía una contundente guarnición de uno de mis sabores predilectos en la vida: Guacamole. Después del brindis, de los comentarios sobre lo feliz que estábamos de estar ahí, tomé mi primer bocado. Moctezuma sabe cuánto guacamole le puse a mi tortillita y con cuántas ganas me la comí. Mi lengua ardiente y confundida no fue capaz de reconocer sabor alguno a aguacate, jitomate o cebolla, toda su sensibilidad se la llevó el ají. Esa fue mi primera cena a la mexicana.
No sólo el picante es algo que podía haber evitado, también haber llevado cosas de más. Al amanecer de nuestra primera noche y con el pelo recién lavado, miré con desconfianza el pequeño secador 1600w del hotel. "Qué suerte haber traído el mío", pensé. Enchufé mi 2000w turbo y el soplido de aire era tan mínimo como ridículo era haberlo llevado. Por alguna razón, el potente wattaje de mi súper últra aparato nacional se había, quien sabe, ¿apunado? y no era capaz de soplar siquiera como un secador de bolsillo. En fin, fueron los 1600 humildes watts los que secaron mi pelo todos los días.
Pero una no es ninguna, por lo que llevar una cosa de más en la maleta, era indiferente. Aunque claro, llevé también una toalla de baño que nunca necesité usar, porque el hotel cambiaba toallas todos los días. Mmmm. Por eso cuando me dí cuenta que además llevé mi trípode sin la popularmente llamada galleta, o "cosita que une la estructura de tres patas con la cámara", ya encontré que me hallaba, nuevamente, frente a una de las mías.
Para ser el primer día, pensé, era suficiente, seguro que no me pasaba nada más.
Estaba equivocada.
Llegando a las míticas pirámides del Sol y la Luna en Teotihuacán, antes de subir para apreciar la vista y tras sacar unas pocas fotos, la batería de mi máquina de fotos se acabó. En un milisegundo, pasaron ante mí las cientos de fotos que había sacado en las últimas semanas, sin que entre medio hubiera puesto a cargar una sola vez mi fiel batería. Como estrategia para evitar el absurdo, hasta pensé aparentar que aún sacaba fotos, pero me resigné. Fue así como durante todo ese paseo se repitió el chiste de "tómame una foto", hasta el cansancio. Para qué contar que no pude tomar una sola foto en la Basílica de Guadalupe, que fue el lugar de culminación del mismo tour.
El resto de los días sólo presentaron desventuras mínimas, como cuando compré los tradicionales Cheetos (ex Chester, ex Fonzies) y al ver su color rojizo y mirar el envase, leo.. "con queso y chile". O cuando torcí mi pié en medio de una transitada calle.
Lo de la libretita, ya lo leyeron. Eso sí que me afectó, porque cómo recordar algunos nombres que con dificultad escribí. Y aún más, ¿cómo le mandó ahora las fotos que saqué a una pareja de chilenos que iba en el tour a Taxco y de quienes anoté un mail en la última hoja de mi pequeño cuadernito? (por cierto, si alguien conoce a una Andrea Rocha de Santiago, casada con dos Hijos, que haya estado en México la semana ante pasada, le cuenta que tengo sus fotos).
Lo de mi salida a un paseo de todo el día en catamarán en Puerto Vallarta, sin bronceador, sin crema siquiera, tiene un final obvio: el fantástico tono rojizo adolorido de mi piel al día siguiente y mi actual despellejamiento.
La brillante idea de decir "camimenos" justo antes de que comenzara una tormenta que nos mojó hasta la espalda, y el ya conocido olvido de mi pastilla para el mareo durante el único vuelo, de cuatro, que verdaderamente pasó por turbulencias, se pueden sumar a la lista.
PS: podría omitirlo, pero en la mitad de este texto, lo borré sin querer, debió ser la sugestión de la primera estrofa.

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