¿No les ha pasado que a veces se sientes culpables de que se les cumplan tantos deseos?
Hace muchos años ya, supe que en México "celebran" la muerte de manera especial. Me enteré que en sus tierras nació la pintora de cejas pobladas que lucía orgullosa los coloridos atuendos tradicionales, Frida Kalho. Y entre tantas cosas más, conocí el exquisito guacamole.
Siempre he pensado que es un lugar hermoso, donde se cuida mucho la ancentral cultura y la gente es cálida. Y aunque también confieso que pensé un par de burradas (como que todos los mexicanos se parecen a Armando Manzanero), cultivé en un rincón de mi alma, un deseo grandotote (como para ponerse a tono la palabrita, no?) de conocer ese país algún día.
Hoy, me siento un "tantito" culpable. Pero así tantito nomás, dijéramos. Porque con todo y culpa, pos estoy retefeliz (y ensayando el idioma), porque en dos días parto a México. Ya no en pensamiento, ni a través de revistas; esta vez, en avión.
Llevo una libretita para apuntar y no olvidar las palabras nuevas, los lugares conocidos, los sabores paladeados. La llevo para poder escribir después lo que viva en mi viaje. Para ponerle historia a mis fotos.
Pero aún faltan dos días. En dos días todo puede pasar, hasta me puedo morir o quedar abajo del avión. Sin embargo, en este minuto, ya estoy disfrutando la oportunidad linda de unas vacaciones en familia en el bello país del norte.
El viaje original era a Cuba, pero el universo se confabuló para llevarme a donde yo quería ir con más ansias. Vaya cómo es misteriosa la vida y perfecta la coordinación de todo. Me pregunto si será que me concede también el sueño de una serenata bajo mi ventana.
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