noviembre 21, 2005

Mafalda

(Imagen tomada de www.clubcultura.com. Copyright Quino)

Bien, si hablé de Metheny, tengo que hablar de Mafalda.
Ella llegó por primera vez en el mismo tiempo de colegio y de las lecturas forzadas, pero en la forma de uno de esos libritos de tiras cómicas que una compañera de curso (la Pepa) me prestó.
Fue abrir, leer y reír. Y seguir y seguir riéndome. Entonces, me dí cuenta de algo más que me cautivaba.
La hepatitis del 91 trajo bajo el brazo del mismo amigo que me pirateaba los cassettes de Pat, a Mafalda Inédita para que pasara mis horas de aburrimiento. Y comenzó la lectura obligada de las historias de esta señorita argentina, tan incisivamente retratada bajo el genial lápiz de Quino. Llegaron más libritos de tiras cómicas y de pronto Toda Mafalda, el compilado que cualquiera de sus seguidores añora y libro de cabecera que causaba la curiosidad de mi madre cada vez que lo leía, por mis carcajadas.
Comprendí en esa época que Mafalda (y me refiero a la tira, no sólo al personaje) genera las más de las veces reacciones polares: la amas o la detestas. Porque a quienes nos gusta, nos hace falta sólo el inicio de alguna de sus historias para reír y recordar su caricatura, pero a quienes no les gusta, ningún esfuerzo de explicación ni análisis de su dibujo les hace salir una sonrisa, sino sólo una mueca agradecida de alguien que intenta evitar que nos sintamos mal.
Los detalles dibujados en sus tiras, son un segundo mundo por descubrir. O bien pueden ser la excusa para poder seguir leyéndola una y otra vez, porque como dijo alguna vez una persona: "envidio a los que no han leído a Mafalda antes, porque ellos tendrán la posibilidad de leerla por primera vez". Y es cierto que cuando parecen haber pasado todas las historias por mis ojos, deseo encontrar casualmente algún chiste que no haya leído antes, para disfrutarlo denuevo como la primera vez que abrí ese librito que la Pepa, generosamente, me prestó.

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